UN FASCINANTE OBJETIVO TURISTICO
Cuando en 1652 el holandés Jan Van Riebeeck
ancló en la bahía de Table Bay, un inhóspito lugar habitado por hotentotes y
bosquimanos, y se propuso establecer un puesto de aprovisionamiento para los
buques de la Compañía de las Indias Orientales en aquel extremo meridional del
continente africano, sin él sospecharlo acababa de escribir la primera página
de la historia de un nuevo país de salvaje belleza. Sudáfrica.
Con el devenir de los siglos, nativos zulúes,
pioneros boers, buscadores de oro y
colonos ingleses le imprimieron a aquellas tierras un mosaico cultural en
verdad singular y diverso, una mezcla de Oriente y Occidente con sabor a África.
Hoy, superadas un sin fin de vicisitudes políticas,
se ha convertido en un destino turístico por excelencia.
Sudáfrica, un mundo a descubrir, lleno de
sorpresas y uno de los grandes lugares de ocio con ilimitadas posibilidades,
desde lo inusual hasta lo más sofisticado.
Si el viajero quiere relajarse bajo el sol,
disfrutar de una agitada vida social o satisfacer su sed de aventura, Sudáfrica
es capaz de ofrecer de todo, y mucho más.
No obstante, este país va más allá de los
amplios espacios abiertos y la belleza esplendorosa de su paisaje. Las grandes
ciudades con sus modernos edificios poseen lujosos hoteles, teatros, galerías
de arte y elegantes centros comerciales. Hay que perderse en ellas, entre
tiendas de los clásicos souvenirs
africanos y bazares orientales, sin olvidar deleitarse con la exquisita cocina
de los excelentes restaurantes.
También es posible trasladarse al antiguo
mundo de las tradiciones tribales, sentir la emoción del ritmo entrecortado de
las danzas zulúes, o bien conocer la herencia exótica de Oriente con sus
mezquitas, templos y festivales.
Despedirse de las tensiones de lo cotidiano,
en definitiva, y viajar a la tranquilidad, al país de los safaris, un lugar que
no ha cambiado en muchos siglos, vivir la naturaleza y albergarse en una tienda
de campaña o en un bungalow de lujo. Una aventura inolvidable en un mundo
salvaje.
Sudáfrica, un país nuevo y en parte
desconocido, ofrece una extraordinaria variedad de opciones para el descanso:
reservas de animales, montañas y playas de doradas arenas, leones y diamantes,
antiguos fuertes y danzas tribales, chispeantes fogatas en los campamentos y el
inquietante murmullo de la noche africana. Una forma de descubrir experiencias
excitantes.
T R A N S V A A L
Es una provincia sin salida al mar y la más
norteña de Sudáfrica. Posee una gran belleza, inmensa riqueza mineral,
ondulantes praderas cultivadas, bosques, sabanas y vastas extensiones
agrícolas.
Un clima saludable y vigorizante, además de
una infraestructura hotelera de primera clase, hacen de las vacaciones una
experiencia inolvidable en esta encantadora región.
En el Transvaal se encuentran dos de las principales
urbes de todo el país: Johannesburgo y Pretoria.
El oro fue, sin duda, el catalizador que le dio
vida a Johannesburgo y la identidad de un enclave que siempre estará ligado muy
de cerca al preciado metal.

La ciudad tiene soberbios hoteles, restaurantes
y centros comerciales de lujo capaces de satisfacer los gustos y caprichos de
los más exigentes y, además, ofrece un repertorio muy variado de actividades.
Asimismo, tiene la ventaja adicional de encontrarse a corta distancia -por
tierra o por aire- del África indómita, por llamarla de alguna manera, donde el
visitante consigue olvidar el habitual ajetreo de su civilización de
procedencia.
Ubicada a unos 50 kilómetros al norte de
Johannesburgo, el ambiente de Pretoria es, por contra, más sosegado. Una urbe
más apropiada para los empleados públicos y diplomáticos que residen y trabajan
a la sombra del Unión Buildings.
Rodeada de colinas, es conocida por sus
coloridos jardines, arbustos y árboles, especialmente en primavera.
Se respira un aire histórico en el centro de
Pretoria, en particular Church Square, alrededor de la cual, creció. Algunos
edificios de gran valor arquitectónico presiden majestuosamente la plaza que
domina la estatua de Paul Kruger, no obstante, el progreso ha traído centros comerciales
de alta tecnología, galerías de arte, restaurantes y el moderno complejo
teatral State Theatre que brinda múltiples espectáculos de interés cultural.
Pero si lo que se anhela son las máquinas
tragamonedas, la ruleta o la oportunidad de quebrar la banca, los casinos están
a menos de dos horas de viaje.
LA PEQUEÑA NATAL
La provincia más reducida de Sudáfrica se
extiende desde los límites sur de Mozambique y Swaziland hasta el Transkei e
incorpora el territorio conocido como Zululand (KwaZulu) la tierra tradicional
de la tribu zulú.
La variedad escénica abarca zonas agrestes,
amplias playas de arena, vegetación subtropical, sectores agrícolas, pueblos y
sierras, así como las abruptas cúspides del Drakensberg.
Hoy pacífica y rural, el interior de Natal
fue el telón de fondo de los violentos conflictos entre zulúes, británicos y boers, pudiendo aún observarse vestigios
en fortificaciones, campos de batalla, cementerios de guerra y museos.
Durban, la capital, ofrece una atmósfera de
carnaval subtropical por excelencia, veranos interminables y un océano
efervescente, con doradas playas y miles de opciones para el esparcimiento.
El calificativo que reza -Durban: donde la
diversión nunca duerme- se aplica generalmente a Golden Mile (la milla dorada),
habida cuenta de los suntuosos hoteles que disponen de soberbias vistas al mar,
restaurantes que representan el carácter cosmopolita de la ciudad, discotecas,
clubes nocturnos y cafés que destellan hasta la madrugada.
En las playas bordeadas de palmeras donde se
pasea la gente elegante, las mujeres zulúes venden su artesanía. Buques de mil
procedencias entran y salen del puerto, y los veleros se balancean en los
amarres de la bahía, mientras que a un paso de los edificios de oficinas y
comercios del centro de la ciudad, se descubre un mundo de mezquitas, templos,
festivales orientales y bazares fragantes con especias e incienso.
Resulta difícil creer que hace menos de 150
años, los hipopótamos pasaban el día apaciblemente en los juncos de la bahía de
Durban y que los elefantes vagaban en los bosques de la costa.
Colindante con la provincia de Natal, el
Orange Free State yace en la escarpa de la meseta central.
Entre el río Vaal en el norte y el Orange al
sur, esta inmensa pradera ondulante, poblada de granjas y salpicada de molinos
de viento, se extiende a los cuatro puntos cardinales y de un horizonte a otro.
En la zona central de la planicie,
Bloemfontein, el manantial que le dio su nombre, aún brota en ésta ciudad que
creció alrededor del mismo. En la actualidad el lugar está ocupado por un
parque para caravanas rodeado de árboles frondosos, cuando en el pasado era una
fuente de agua para los cazadores bosquimanos.
Bloemfontein, -ciudad de las rosas-, ostenta
la dignidad y el orgullo que le corresponde por ser la ciudad legislativa de
Sudáfrica. A la sombra de sus rascacielos, dignos edificios y monumentos
históricos, aún conservan el testimonio de su origen pionero.
LA HERMOSA CIUDAD DEL CABO
La provincia más grande de Sudáfrica tiene un
espectro geográfico, climático y escénico en verdad muy amplio: una costa a
veces agreste y otras plácida, montañas y cerros, ríos, un semidesierto que
florece en primavera, densos bosques...
Con el sobrio telón de fondo de Table
Mountain, Ciudad del Cabo es una de las más hermosas del mundo, donde una
mezcla ecléctica de estilos refleja los dictados del gusto arquitectónico del
pasado con las necesidades modernas del presente.
Los edificios victorianos y edwardianos han
sido conservados meticulosamente, mientras que en toda la ciudad y sus
alrededores se encuentran ejemplos sobresalientes del típico estilo
arquitectónico holandés del Cabo.
Calles adoquinadas, mezquitas y casas de
techos planos, reflejan el carácter vibrante de la ciudad, mientras que una
zona del puerto, el Victoria and Alfred Waterfront, evoca el pasado naviero del
siglo XIX, sin olvidar sus museos con finas colecciones de antigüedades y artefactos
históricos que permiten echar un vistazo al estilo del Cabo en épocas
anteriores.
PORT ELIZABETH Y EAST LONDON
No puede cerrarse un vistazo a este país sin
mencionar dos enclaves turísticos como son Port Elizabeth y East London.
A escasos minutos del centro de Port
Elizabeth, en el sur, las playas de la bahía de Algoa proporcionan
oportunidades ilimitadas para la práctica de la natación, pesca desde las rocas
y de altura, surfing o buceo.
Museos, edificios históricos, jardines
botánicos y reservas naturales, ofrecen todo un abanico de enclaves para
explorar.
Por su parte, situadas en uno de los sectores
más atractivos de la costa oriental, las playas de East London se prolongan a
lo largo de millas y millas, ofreciendo durante todo el año la posibilidad de
navegar, dedicarse al esquí acuático o el windsurf,
mientras que los ríos y torrentes son un paraíso para los pescadores.
LAS GRANDES RESERVAS NATURALES
En hábitats que comprenden dunas desérticas,
sabana y frondosos bosques subtropicales, las reservas de animales de Sudáfrica
están pobladas por una variedad de especies sin igual.
Elefantes, leones, leopardos, rinocerontes y
búfalos son los que probablemente despiertan mayor interés y forman el grupo
conocido como los big five (los cinco
grandes).

Si buscamos ésta experiencia, es a África
donde debemos acudir, por ser el continente
en el que se conserva más pura la vida natural. En ningún otro lugar se
da tan asombrosa variedad faunística como en Sudáfrica. Dentro de un hábitat
que se extiende desde Agulhas hasta Capricornio, se hallan tanta diversidad de
ecosistemas, los cuales sustentan una increíble variedad de insectos, reptiles,
aves y, por supuesto, mamíferos.
Uno de los parques más famosos de toda Africa
es el Kruger, situado a unos 400 kilómetros al norte de Johannesburgo, el cual
ocupa cerca de dos millones de hectáreas de la zona nororiental del Transvaal.
Al norte y el sur de este parque, los ríos Limpopo y Crocodrile,
respectivamente, ejercen de fronteras naturales.
El Parque Nacional Kruger es territorio de
ejemplares de animales mayores y cuenta con más especies de la fauna salvaje
que las que pueden hallarse en cualquier otra reserva africana. Se calcula que
existen alrededor de 130 especies de mamíferos, 114 de reptiles y 48 de peces.
De entre sus 468 especies de aves, las más destacadas son el marabú, calao
negro, serpentario, estornino del Cabo, águila volatinera y águila pescadora,
aparte del buitre naturalmente. Los mamíferos son los que más llaman la
atención. Una selección hecha al azar en el censo arroja una población de más
ocho mil elefantes, cerca de treinta mil búfalos, veinticinco mil cebras y
cerca de cien mil impalas. Los hipopótamos se revuelcan en las charcas, los
rinocerontes campas a sus anchas y las especies de antílopes son numerosas,
destacando la jirafa entre los demás animales.
Existen una veintena de campamentos que
ofrecen una amplia variedad de alojamientos, todos ellos en cabañas con techos
de paja y bungalows equipados con el
mayor confort
El Parque Nacional de Gemsbok del Kalahari,
cuya extensión es de 959.103 hectáreas, está situado en el rincón noroccidental
del país, cual cuña entre África del Sudoeste/Namibia, al oeste, y Botswana al
este. Es una región fascinante, semidesértica, llena de leyendas,
supersticiones y contrastes. Desde el punto de vista paleontológico, Kalahari
podría ser la cuna del hombre primitivo, enterrado en la noche de los tiempos.
Por otra parte, los bosquimanos, que en otro tiempo habitaban la zona, se
asegura que son los descendientes directos del Hombre de la Edad de Piedra y
datan de hace más de 25.000 años.
Existen otros interesantes parques naturales
como el de las Cataratas Augrabíes, el de Ndumu, Mkuzi, Mountain Zebra, Karoo,
etc... todos ellos de gran interés para el viajero ávido de emociones.
La nueva Sudáfrica, la tierra en el extremo
del continente africano, es un crisol de muchos pueblos, culturas y, por
supuesto, diferencias... de ahí sus muchos avatares a través de la historia.
También es una tierra de cambio, cuyos
pueblos se han dado perfecta cuenta de que deben construir una nueva nación,
una nueva Sudáfrica para todos. Aprendiendo a vivir juntos, no separados.
Construyendo puentes de entendimiento, no barreras de sospecha. Esta es una
lección que ha tardado en aprenderse. Una lección lenta, a menudo dolorosa,
mientras el resto del mundo observa.
Un ejemplo patente del triunfo de la unidad
sobre la diversidad y una prueba de que es posible para todos en este planeta,
vivir juntos y en paz.
Por sus múltiples atractivos, esa gran
desconocida para muchos que es Sudáfrica, resulta, sin lugar a dudas, uno de
los destinos más espectaculares del mundo actual. Una mezcla sugerente de
Oriente, Occidente y de África…
(Ver interesante colección gráfica de este
reportaje en GALERIA DE FOTOS)