MÁS ALLÁ DE CARTAGO



Auténtica perla del Mediterráneo y, sin lugar a dudas, donde mejor se manifiesta el verdadero esplendor del Magreb, entre el mar y el desierto, Túnez es un país capaz de ofrecer las más apasionantes sorpresas. Una tierra de contrastes camino del exótico Oriente que interesa, fascina al mismo tiempo y en la actualidad se ha convertido en uno de los más apetecidos objetivos turísticos.
Para encontrar los orígenes de este milenario crisol de culturas, etnias y paisajes hay que remontarse muchos siglos atrás, a la época de fenicios y cartagineses, antes de que este estratégico enclave se transformase en la Roma africana bajo el poder de uno de los mayores imperios que jamás se hayan conocido en la Historia.
En el lugar don se alzó la antigua Cartago, que fue una de las ciudades más poderosas de su época, se extiende en la actualidad una región que rebosa encanto y variedad. A lo largo de un exótico mar de color turquesa, que a veces adquiere reflejos de laguna, se suceden unos coquetos pueblos como La Marsa, Sidi Bou Said, Cartago… que conforman las elegantes afueras de la capital; una capital que cuida mucho el ocio y la cultura, una ciudad moderna que conserva cierto art de vivre.
A las ciudades perdidas les sienta bien el sol y la arena. Por eso Túnez conserva tan bien los restos de civilizaciones del Mediterráneo. Sus orillas surtieron al Imperio Romano de animales salvajes para sus coliseos, oro, aceite de oliva y crecieron hasta el esplendor con el comercio.
La más legendaria es Cartago, la gran preocupación de Roma desde la que Aníbal se atrevió a desafiar el poder del Imperio, ahora convertida en el barrio residencial más lujoso del país. Sus sucesivas destrucciones (la de Roma y la de los bárbaros) sólo permiten hacerse una idea de la espléndida ciudad fenicia, que tenía unas murallas de 34 kilómetros y unas vistas espectaculares al puerto desde la colina de Birsa, lo que le ha valido su declaración como Patrimonio de la Humanidad.

TÚNEZ ROMANA
Recorriendo su intrincada y multicolor geografía, a cada paso se encuentran singulares vestigios que hablan por sí solos de la importancia que antaño tuviera esta tierra atormentada y en cuyo suelo dejaron huella todas las antiguas civilizaciones, fenicia, griega, romana, bizantina, etc. Sin olvidar la posterior influencia de bereberes, turcos, árabes, españoles y franceses; una encrucijada de la que surgió un pueblo amante de la paz, pero forzado a manifestarse con espíritu guerrero a fin de defenderse de sus rivales de allende el Mediterráneo.
Aunque Túnez, la antigua Utica según parece por lo citado en las escrituras, fue el puerto más primitivo establecido por los hombres del mar llegados de Sidón y Tiro, Cartago, fundada por los fenicios en el 814 a.C. se erigió bien pronto como el más inexpugnable bastión frente a las invasiones procedentes del exterior y cuna de una floreciente cultura.
No obstante, la incontenible ambición de Roma se hallaba al acecho y sólo aguardaba el momento preciso para asestar el golpe definitivo y de esta forma derrotar al gran adversario del sur.
Al filo del año 264 a.C. se iniciaron las hostilidades entre romanos y cartagineses, dando origen a las denominadas Guerras Púnicas. En la última de ellas, 118 años más tarde, diezmados los ejércitos y sin capacidad suficiente para poder zafarse del acoso enemigo, se consumó la destrucción de Cartago. Todos aquellos territorios fueron anexionados por los vencedores y erigidos en provincia romana. Era el África Vetus.
La que fuera capital del mundo púnico acabó condenada a muerte por el senado romano y la sentencia ejecutada por las legiones de Escipión.
Años después, con el emperador Augusto, llegó la resurrección de la prestigiosa Cartago, convirtiéndose en una gran metrópolis por un procónsul.
Con la paz volvió la prosperidad, aunque lógicamente Roma la utilizó en su beneficio y así fue como de nuevo soplaron aires de felicidad y el comercio y la industria resultaron notables fuentes de riqueza.
Ruinas y excavaciones arqueológicas ejercen casi siempre un atractivo muy particular -incluso para quienes no tienen un especial interés en ello- y por eso toda Tunicia sorprende a cada instante, porque no puede evadirse del viento arrollador de la historia de la que fue relevante protagonista y ofrece tesoros artísticos de un incalculable valor.

EL BARDO COMO PUNTO DE PARTIDA
Cualquier ruta por esta Roma africana se inicia en el museo de El Bardo, en las inmediaciones de la capital, donde se conservan testimonios fehacientes y realmente maravillosos del arte púnico, romano, cristiano y árabe-musulmán, además de una colección de mosaicos que está considerada como la más rica del mundo.
A una veintena de kilómetros y a través del barrio de Salambó se accede a las ruinas de la vieja Cartago. Los puertos púnicos, las termas de Antonino, el santuario de Tania, el antiquarium, altares, columnas, canalizaciones, estancias, el anfiteatro…Todo un alarde sobre la presencia romana en el continente.
Dougga, en el norte, es posiblemente la más inhóspita muestra de la colonización de aquellas épocas y a la vez la mejor conservada, con sus templos consagrados a Júpiter y Celestis, amén de toda una serie de edificaciones de notoria belleza; sin embargo, la emoción del viajero se hace indescriptible ante la majestuosidad del coliseo de El Jem, magnífico en sus líneas. Construido por el emperador Gordiano, tiene unas dimensiones extraordinarias (considerado el segundo en importancia dentro del Imperio) y en él llegaron a tener cabida más de 35.000 espectadores.
La antigua Thysdrus tiene una historia tan densa como la del propio país y aún hoy, los más estudiosos e imaginativos, mientras contemplan y se quedan extasiados ante las gradas del inmenso coliseo, guardan el más sepulcral silencio, como si pretendieran escuchar el eco del violento galopar de los caballos al frente de sus cuadrigas, en medio de una gran polvareda, así como los gritos enfervorizados de la multitud animando a sus ídolos.
Más hacia el oeste, en el camino de Kairouan a Kasserine, se alza la vieja Sufétula (hoy Sbeitla). Tras su impresionante arco de triunfo, distintas termas, varios templos, el foro, la fortaleza y numerosas basílicas de la época paleo-cristiana, captan de inmediato la atención del viajero en torno a esta metrópolis que conoció días de gran importancia y desarrollo sobre todo en la etapa bizantina.
Desde la Utica al norte hasta Boughara al sur, como diseminadas en la gran variedad del paisaje tunecino, donde el azul del mar contrasta con el blanco de la arena y el verde de las palmeras con la nitidez de los jazmines, el rojo y el amarillo de la flor del cactus, almendros, naranjos y un largo etcétera, reencuentran infinidad de puntos que merecen una muy especial atención. El capitolio de Thuburbo Majus considerado como uno de los más bellos que se conservan en el continente africano, las grandes termas de Maktar, el templo de Zaghouan, así como Maidra, Gafsa y sus piscinas, Thina, Nabeul… Todo un alarde de construcciones que revelan de forma harto demostrativa el poderío del Imperio Romano sobre estas tierras favorecidas por el astro rey y las más suaves temperaturas climatológicas.

UN SIN FIN DE ATRACTIVOS
Sin embargo, la Tunicia es más, mucho más, y junto a los vestigios de su pasado púnico y romano ofrece infinidad de atractivos al visitante.
Considerado como el país del norte de África que más ha venido evolucionando a lo largo de las últimas décadas, ofrece contrastes que subyugan a quienes pretenden perderse por las abigarradas y multicolores callejuelas de las medinas de Túnez, Gafsa, Sfax, Sidi Bou Said… O bien prefiere descansar en las incomparables instalaciones hoteleras del litoral, ya sea Hammamet, Sousse, Monastir o la encantadora y verde isla de Jerba. Todo ello sin olvidar una ineludible visita a Kairouan, ciudad sagrada del Islam, o bien los oasis de Gabes en la costa, o los de Tamerza, Mides y Nefta cerca del lago salado de El Jerid.
Y para los más aventureros, siempre de forma perenne existe el embrujo y la magia del desierto, desde Douz o Tozeur hacia el gran sur, donde las arenas se pierden en el infinito.
Túnez, púnica y romana, pero también mucho más, con inimaginables posibilidades turísticas y singulares atractivos que envuelven al visitante en un ambiente fascinante, capaz de revolucionar los sentidos.

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F O N T A I N E B L E A U



LUJO Y ESPLENDOR EN LA CORTE FRANCESA
Fontainebleau es una ciudad del área metropolitana de París. Se encuentra a 55,5 kilómetros al sureste del centro de la capital francesa, en el departamento de Sena y Marne.
Junto con la vecina Avon y otras tres ciudades más pequeñas, forman un área urbana de alrededor de 40.000 habitantes. Esta área urbana forma parte de las ciudades satélites de París.
Fontainebleau es conocida por su hermoso y enorme bosque, uno de los rincones favoritos de los parisinos para el fin de semana, así como por el histórico Palacio Real de Fontainebleau, que atrae a cientos de turistas todos los años.

EL PALACIO DE FONTAINEBLEAU
Se trata de uno de los mayores palacios reales franceses. Actualmente refleja las aportaciones constructivas y decorativas de varios monarcas galos, a partir de una estructura inicial de Francisco I. El edificio se desarrolla básicamente alrededor de una serie de patios.
La ciudad de Fontainebleau creció en su entorno y en lo que restaba del llamado bosque, un antiguo parque real de caza.
Este palacio introdujo en Francia el manierismo italiano, en la decoración de interiores y en los jardines. El manierismo francés en la decoración de interiores del siglo XVI es conocido como “estilo Fontainebleau”: combina escultura, forja, pintura, estuco y carpintería. En jardinería supuso la introducción del parterre.
El ideal de belleza femenina en este lugar es, también, manierista: una pequeña y graciosa cabeza en un cuello esbelto, torso y brazos exageradamente largos, pechos pequeños y altos; es casi un regreso a las bellezas del gótico tardío. Los nuevos ideales de Fontainebleau fueron plasmados en refinados y detallados grabados que circularon entre artistas y entendidos.
A través de los grabados realizados por la Escuela de Fontainebleau, este nuevo estilo fue transmitido a otros centros del norte de Europa, especialmente en Amberes, Bélgica y Alemania, y más tarde, también Londres.

UNA LARGA HISTORIA
El viejo castillo que se erigía en este lugar ya era usado al final del siglo XII por el rey Luis VII, para quien Thomas Becket consagró la capilla. Fontainebleau fue una de las residencias favoritas de Felipe II y de Luis IX. El creador del edificio actual fue Francisco I, para quien el arquitecto Gilles le Breton diseñó la mayor parte de las construcciones del Patio Ovalado, incluyendo la Puerta Dorada, en su entrada sur. Este rey también invitó a Sebastiano Serlio y Leonardo da Vinci. La Galería de Francisco I, con sus frescos hechos en estuco por Rosso Fiorentino, fue construida entre 1522 y 1540, siendo la primera gran galería decorada construida en Francia.
El Renacimiento fue introducido en el país galo por el Palacio de Fontainebleau, por influencia de Enrique II y Catalina de Médici, que contrataron a los arquitectos Philibert Delorme y Jean Bullant, con los que llevaron a cabo una importante campaña de remodelaciones. El Salón de Baile fue decorado por los pintores manieristas italianos Francesco Primaticcio y Niccolo dell’Abbate. La llamada Ninfa de Fontainebleau de Benvenuto Cellini, encargada para el palacio, está en el Louvre.
Al Fontainebleau de Enrique II y Francisco I, Enrique IV añadió el patio que lleva su nombre, el Patio de los Príncipes, la Galería de Diana de Poitiers y la Galería de los Ciervos, usada como biblioteca. Una segunda escuela de decoradores, menos ambiciosa y original que la primera, estuvo involucrada en estos proyectos. Enrique IV perforó el parque forestal con un canal de 1.200 metros, donde actualmente se puede pescar, y ordenó la plantación de pinos, olmos y frutales. Su jardinero, Claudio Mollet, con habilidades ya probadas en el Château d’Anet, ejecutó los parterres.
Tres siglos después el palacio entró en decadencia; durante la Revolución Francesa mucho del mobiliario original se dispersó en las ventas revolucionarias del contenido de todos los palacios reales, concebidas como una forma de conseguir dinero para la nación y asegurar que los Borbones no podrían volver a sus dominios. En la década posterior, el emperador Napoleón Bonaparte comenzó a transformar el Castillo de Fontainebleau en un símbolo de su grandeza, como una alternativa al Palacio de Versalles que tenía connotaciones borbónicas. En Fontainebleau, Napoleón I de Francia firmó su abdicación. Se despidió de su Vieja Guardia y partió al exilio.
Con modificaciones en la estructura del palacio, incluyendo la entrada de cantería suficientemente ancha para su carruaje. Napoleón ayudó a hacer del palacio el lugar que los visitantes conocen actualmente. Fontainebleau fue el escenario de la Corte del Segundo Imperio, de su sobrino Napoleón III.
Felipe IV, Enrique III y Luis XIII nacieron en este palacio, y el primer de estos reyes también murió aquí.
Cristina de Suecia vivió en el palacio durante varios años, después de su abdicación en 1654. En 1685 Fontainebleau asistió a la firma de un Edicto, el cual revocó al Edicto de Nantes (1598). Huéspedes reales de los reyes de la dinastía de los Borbones fueron instalados en Fontainebleau: Pedro I de Rusia y Cristian VII de Dinamarca, y también en la época de Napoleón, el Papa Pío VII, en 1804, cuando vino a consagrar a Napoleón como emperador, y entre 1812 y 1814, cuando fue su prisionero.
Todo un largo historial de monarcas fueron los que desfilaron por este palacio.
Actualmente, parte del palacio alberga las Escuelas de Artes Americanas, una escuela de arte, arquitectura y música para estudiantes de los Estados Unidos. Preservado está el campo de tenis real de Enrique IV. Es el mayor campo de tenis de este género en todo el mundo, y uno de los pocos de propiedad pública.
Fontainebleau es uno de los lugares más bellos cerca de París. Su histórico castillo, los frondosos bosques y el Castillo de Vaux-le-Vicomte constituyen una magnífica escapada del centro de la ciudad. Es necesario más de un día para recorrerlo bien, dada la extraordinaria dimensión del complejo.

CASTILLO
Antiguo pabellón de caza del siglo XII fue convertido en palacio después de sufrir sucesivas reformas y ampliaciones bajo el reinado de Francisco I en el siglo XVI.
Lo más destacado del conjunto es la bella escalinata en forma de herradura que domina el llamado Patio de las Despedidas.
También merece la pena contemplar la Porte Dauphine, una de las puertas más bellas que conectan el complejo de edificios, diseñada por el arquitecto de la Corte Francesco Primaticcio.
Los jardines resultan igualmente magníficos en la más pura tradición del Renacimiento francés.

LO MÁS DESTACADO DEL INTERIOR
Los aposentos de Napoleón ocupan el primer piso. En ellos se pueden admirar algunos objetos y pertenencias personales del famoso emperador. Entre ellos destacan: la medalla de la Legión de Honor, el uniforme imperial, el sombrero que llevó a su regresó de Elba en 1815 e incluso la cama en que dormía, aunque todas las ciudades de Francia acostumbran a presumir de tener una cama donde, al menos por una noche, pasó el emperador.
Merece la pena visitar el Salón del Trono, el dormitorio de la reina y la Galería de Diana.
Sobresalen los bellos tapices del siglo XVII, las pinturas y los magníficos frescos de Francesco Primaticcio.
Lo más destacado de todo el recorrido es el elegante Salón de Baile con casi 300 metros de largo. Las paredes forradas de madera y la majestuosa decoración del techo reflejándose en el brillante parqué, crean una atmósfera refinada y elegante.

EL BOSQUE DE FONTAINEBLEAU
Romántico bosque de 17.000 hectáreas en donde se puede disfrutar plenamente de la naturaleza. Por sus senderos y caminos resulta delicioso dar un largo paseo, contemplando una enorme variedad de paisajes.

BARBIZON
Se trata de un encantador pueblo en el extremo occidental del bosque de Fontainebleau. A mediados del siglo XIX fue el lugar de residencia de innovadores pintores paisajistas que abrieron el camino a los impresionistas. Entre los más célebres se encuentran Corot, Rousseau, Daubigny y Mollet, que se reunían habitualmente en la posada de Père Ganne.
La visita a las casas de Mollet y Rousseau completa el recorrido por este romántico ambiente artístico.

VAUX-LE-VICOMTE
Es un majestuoso castillo situado al norte de Fontainebleau. Es una de las más importantes fortalezas de los alrededores de la capital francesa.
Grandes artistas de la época, como el arquitecto real Le Vau, el pintor Le Brun y el famoso diseñador de jardines Le Nôtre, participaron en la creación de este gran palacio para el financiero Bouquet. El resultado no pudo ser más brillante.
Una curiosidad final. La fiesta de inauguración fue un auténtico acontecimiento social y el propio Luis XIV, después de contemplar tanta belleza sufrió un ataque de celos, mandó a Bouquet a la cárcel y comenzó la construcción de Versalles.
En 1981, el Castillo de Fontainebleau fue clasificado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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M A C A O



ÚLTIMO ENCLAVE COLONIAL EN ORIENTE
Macao es una pequeña región administrativa especial en la costa sur de la República Popular China, situada a 70 kilómetros al suroeste de Hong Kong, en el lado meridional del delta del río de las Perlas, y a 145 kilómetros de la ciudad de Cantón. Con una población estimada de alrededor de 690.000 habitantes en una superficie de 28,2 kilómetros cuadrados es la zona más densamente poblada del mundo.
Fue administrada por el imperio portugués y sus estados herederos desde mediados del siglo XVI hasta finales de 1999, cuando fue la última colonia europea en Asia.
Vasco da Gama realizó su histórico viaje a la India a finales del siglo XV, siendo a principios del XVI cuando los descubridores lusos prosiguieron su expansión hacia el Este y el Norte. En Macao se asentaron definitivamente entre 1554 y 1557, en los tiempos gloriosos de las expediciones iniciadas por el Príncipe Enrique el Navegante.
A partir de entonces, fueron establecidos algunos centros comerciales en el delta de Sikiang, los cuales permitieron a Macao ejercer, con el permiso del emperador chino, un virtual monopolio del comercio entre China y el Japón, y con posterioridad entre estos dos países y Europa. Además de ser un importante enclave comercial entre dos mundos, Macao sirvió de base para comerciantes y misioneros que iban a Extremo Oriente, entre ellos el jesuita Matteo Ricci, actividad que dio a la ciudad algunos de los momentos más gloriosos y agitados de su historia.
Debido a su prosperidad y privilegiada situación geográfica, fueron varias las naciones europeas que empezaron a fijarse en Macao e incluso llegaron a conspirar para arrebatársela a Portugal. Con el tiempo, crecieron las misiones occidentales a China y de ahí que se convirtiera en lugar de residencia de verano de los grandes mercaderes, a quienes los chinos exigían dejar sus factorías de Canton en espera de la apertura de la siguiente temporada comercial.
Desde que se abrieron los puertos existentes a lo largo de la costa de China y los británicos se establecieron en Hong Kong durante la primera guerra del opio, la importancia económica de esta colonia portuguesa fue disminuyendo al mismo tiempo que Hong Kong se convertía en uno de los centros comerciales y financieros más importantes del mundo.
Macao, sin embargo, continúa siendo en la actualidad un importante centro de distribución de arroz, pescado y otros productos chinos, desarrollando una gran actividad en la fabricación y exportación de tejidos y prendas de vestir. Ha vivido muchos cambios a lo largo de sus más de 400 años de existencia, pero siempre fue un baluarte de la cultura y presencia portuguesa en el lejano Oriente.
Macao fue una isla, pero gradualmente una lengua de arena se convirtió en istmo. Gracias a las tierras ganadas al mar su territorio se convirtió en una península en la que se ubica la ciudad de Macao, y las islas de Taipa y Coloane. Un puente de 2,5 kilómetros une la península con la isla de Taipa, la cual está unida a su vez con la de Coloane por una carretera elevada.
La frontera de Macao con el resto de la República Popular China, las llamadas Portas do Cerco, separan Macao de la zona económica Especial de Zhuhai (provincia de Cantón), una de las ciudades costeras más prósperas del país, en parte por su proximidad a Macao.

DEMOGRAFÍA Y CULTURA
Macao es la región más densamente poblada del mundo, con una población de 18.428 habitantes por kilómetro cuadrado. La población está formada en un 98% por chinos, principalmente cantoneses y algunos hakka, ambas de la cercana provincia de Cantón. También hay población de origen japonés y filipino. La comunidad de los llamados macaenses, personas de ascendencia mixta asiática y portuguesa, apenas constituyen alrededor del 1% de la población actual y se enfrentan a una verdadera crisis de identidad.
El crecimiento poblacional de Macao se basa principalmente en la inmigración desde la China continental y la afluencia de trabajadores extranjeros, ya que su tasa de natalidad es una de las más bajas del mundo.
El dialecto chino más hablado es el cantonés, aunque la inmigración reciente ha hecho aumentar el número de habitantes de hablante de mandarín. El cantonés y el portugués son los idiomas oficiales. El portugués, no obstante, a pesar de su carácter cooficial, tiene una presencia muy reducida.
La cultura de Macao es una combinación de la china tradicional con la portuguesa. La larga presencia de Portugal se refleja sobre todo en la arquitectura. Por otra parte, en Macao se han conservado aspectos de la cultura china, como las religiones tradicionales, que en la China continental se han estado perdiendo.

UN VIAJE A LA NOSTALGIA
Macao  es una de las regiones más ricas del mundo y, desee 2015, su PIB per cápita por paridad de poder adquisitivo es superior al de cualquier país del mundo, según el Banco Mundial. Se convirtió en el centro de juego más grande del mundo en 2006, con la economía fuertemente dependiente del juego y el turismo, así como la fabricación.
Macao tiene el índice de ser la cuarta esperanza de vida más alta del mundo y es una de las regiones de Asia con un índice de Desarrollo Humano más elevado, ocupando el 18º lugar en el mundo desde 2014
La imagen habitual de rascacielos y grandes edificios, un recargado ambiente con pretensiones cosmopolitas en el que se mezclan las costumbres asiáticas y el rutilante modernismo occidental, el misticismo de los templos y las luces de neón que anuncian hoteles y casinos donde a diario tienen lugar espectáculos musicales en los que actúan bailarinas de striptease de medio mundo, todo ese aire de libertad, controlada pero libertad a fin de cuentas, ha ido desapareciendo.
No obstante, ocurra lo que ocurra en el futuro, siempre quedará el dulce encanto de la nostalgia, de esas estrechas callejuelas y barrios con edificios coloniales, de aspecto algo decrépito y quizá triste, pero que tanto recuerdan a los de la vieja Lisboa.
Las ruinas de la gran fachada y la escalera de acceso a la iglesia de la Madre de Dios, ahora conocidas popularmente como San Pablo, son probablemente el monumento más emblemático de Macao. Fue diseñada por un jesuita italiano a principios del siglo XVII y construida con ayuda de artesanos cristianos japoneses que habían huido de las persecuciones feudales en Nagasaki. Cuando quedó terminada, se la describió como el mayor monumento al cristianismo existente en un país oriental.
En 1853 la iglesia de la Madre de Dios se incendió y quedó destruida por el fuego, quedando sólo la fachada, la escalera y una parte de las ruinas que tuvieron después que ser demolidas.
La ciudadela de Sao Paulo do Monte, que se encuentra casi en el centro de Macao, fue construida también por los jesuitas y vivió su gran momento histórico en 1622, cuando los holandeses intentaron invadir Macao. En la actualidad alberga un encantador edificio portugués utilizado como observatorio meteorológico.
La fortaleza Guía data de 1637, está situada en el punto más alto de Macao y consta de una capilla (muy similar a las ermitas del siglo XVII) y de un faro, el más antiguo de la costa de China, el cual se encendió por primera vez el 24 de Septiembre de 1865. Desde entonces no ha dejado nunca de brillar en lo alto de la verde colina de la Guía.
La combinación de fortaleza y recinto religioso es austera y dramática, representando la esencia del papel histórico de Macao, su actividad cultural y misionera en el lejano Oriente.
Punto de ineludible visita es también el fuerte de Mong Ha, situado en lo alto de la colina del mismo nombre con vistas sobre la China continental. Cuando fue construido se consideró poco menos que inexpugnable.
Por su parte, el complejo actual de templos conocido como Kun Iam Tong, templo de la diosa de la misericordia, data de la dinastía Ming y la gran cantidad de mitos y leyendas existentes en torno al mismo parecen acreditarle una dilatada historia. Apenas franquear la puerta principal del templo, el visitante de inmediato se ve inmerso en un mundo exótico y, sin duda, misterioso.

UN DESTINO EXÓTICO
Sólo en Macao el juego produce unos ingresos que superan los 2.000 millones de dólares anuales. Ahora, los chinos se encargan de controlarlo, actuando contra las poderosas mafias que existen, aunque, por supuesto, nunca desaparecerán de una forma definitiva. No están los tiempos para despreciar semejantes ingresos.
Son muchos los que aseguran que Macao llegó a ser en tiempos la capital de la perversión en Asia, un lugar donde la droga, el juego y la prostitución fueron siempre de la mano, pero no es menos cierto que se trata también de una ciudad repleta de iglesias, conventos y recintos destinados al recogimiento espiritual, donde sus habitantes, chinos en su grandísima mayoría (95%), ya sean taoístas o cristianos, celebran multitud de fiestas religiosas o paganas y multicolores procesiones.
Aunque tratan de compararla con la populosa Hong Kong, tiene la suerte de no parecerse a ella demasiado, es más apacible y apenas se ve invadida por el turismo, salvo por los japoneses que resultan omnipresentes en todo el mundo.
Vale realmente la pena pasear por sus calles aún tranquilas, sus barrios con sabor añejo, contemplar las edificaciones descoloridas y algunas en estado deprimente que recuerdan los años de presencia lusa, o bien aventurarse a conocer la ciudad a través de sus cambiantes y múltiples atractivos, tales como encender una lamparilla en el templo de A-Ma, muy probablemente el más antiguo y que dio nombre a la ciudad, regatear el precio de unas buenas antigüedades en algunas de las muchas tiendas existentes o bien comprar oro al precio del día, de la misma forma que se hace en el mercado de la langosta con el precio de subasta.
Casi nadie va a Macao por sus playas, pero es bueno saber que las tiene y puede disfrutarse de las mismas, amén de practicar toda clase de deportes. El visitante dispone, asimismo, de otras muchas opciones, como acercarse hasta la iglesia de Santo Domingo (excelente su fachada barroca), hacer jogging en Guía Hill, observar las reliquias de San Francisco Javier en su capilla,  o bien si está interesado por conocer su futuro dejar que un adivino le prediga el porvenir en las pequeñas mesas que existen bajo las arcadas de la plaza del Leal Senado. Le ofrecerán leerle las palmas de las manos, la cara o la cabeza, y observando el plano craneal desplegado con su jeroglífico de signos chinos le revelerán los más insólitos vaticinios. Tan increíble como realmente cierto.
La ex-colonia portuguesa de Macao sigue siendo un destino turístico que encierra múltiples misterios, capaces cualquiera de ellos de fascinar al viajero. Un lugar donde aún es posible respirar ese ambiente de sutil decadencia que rezuma el contacto con un mundo novelesco, casi de ficción, el reencuentro con escenarios de viejos relatos de aventuras exóticas en las que extraños personajes de rostros enigmáticos y apasionados por el juego, siempre trataban de no sucumbir ante el encanto de unos ojos femeninos dispuestos a embrujar.

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