TAORMINA



UN ENCLAVE CON ESPECIAL ENCANTO

A escasa distancia del estrecho que separa la isla de Sicilia de la península italiana y sobre una terraza natural asomada al mar Jónico, surge la espléndida Taormina, la vieja Tauromenion. Con su característico aspecto de burgo medieval, su antigua alma griega, y los colores y perfumes de la vegetación mediterránea, está considerada como uno de los lugares más bellos del mundo. Además, el clima hace de ella un destino perfecto en cualquier época del año.
El visitante de inmediato queda fascinado al conocerla, como le sucedió a Johann Wolfgang Goethe, cuando durante su viaje por Italia visitó el famoso Teatro Griego (siglo III a.C.), símbolo de la ciudad. En medio de los cipreses y las higueras, este enclave, transformado en arena por los romanos (lugar donde se desarrollaban los espectáculos de lucha), ofrece un espectacular panorama del mar azul turquesa hasta las costas de Calabria, de la ciudad de Siracusa y de la humeante cima del volcán Etna.
Taormina se extiende por el monte Tauro. Uno de los últimos picos de los montes Peloritanos, a 200 metros de altitud y se halla en un balcón sobre el mar, habiéndose convertido desde el siglo XIX en un centro turístico muy importante.
Posee magníficas playas accesibles mediante teleférico y un patrimonio artístico muy rico. Al margen de ello conserva un castillo árabe, que ocupa el lugar de la antigua ciudadela o Arx.

ENTRE LA LEYENDA Y LA HISTORIA
La ciudad fue fundada por los griegos en el año 735 a.C. con el nombre de Naxos.
Cuentan las leyendas tan frecuentes aquí que los marinos griegos que pasaban por la costa oriental de Sicilia olvidaron realizar sacrificios en honor del dios Poseidón, y él, encolerizado, les hizo naufragar. El único superviviente, Teocles, llegó al cabo Schico, próximo a Naxos, y volvió a Grecia para contar las maravillas de Sicilia, convenciendo a sus compatriotas para instalarse en la isla.
Después de la destrucción de Naxos por Dionisio I de Siracusa, en el 403 a.C., su territorio fue entregado a los sículos, quienes construyeron al norte de la antigua ciudad un campamento en el monte Tauro. Más tarde fue convertida en fortaleza con el nombre de Tauromenio, hacia el 396 a.C.
Dionisio intentó ocuparla, pero fue rechazado al menos dos veces. En el 392 a.C. se firmó la paz, por la que la ciudad fue entregada a Dionisio, que expulsó a los sículos y estableció allí a sus propios mercenarios.
En el 358 a.C. fue Andrómaco, padre del historiador Timeo, quien reunió a los antiguos habitantes de Naxos que estaban dispersos en Sicilia y, bajo su dirección, se establecieron en Tauromenio, que pronto creció.
En el 345 a.C. desembarcó allí Timoleón eludiendo la persecución de los cartagineses. Como era gobernada por Andrómaco, con un sistema justo y democrático, fue respetada por Timoleón.
Más tarde pasó a manos de Agatocles, que envió al historiador Timeo al exilio. Después se apoderó de Taormina un tirano llamado Tindarión, contemporáneo de Hicetas de Siracusa y de Fintias de Agrigento. Tindarión fue uno de los que llamó al rey Pirro de Epiro a Sicilia en el 278 a.C. Pirro desembarcó en Tauromenio y junto con Tindarión marchó contra Siracusa.
Sólo unos años más tarde, Hierón II de Siracusa dominó la ciudad y la utilizó de base contra los mamertinos. Hierón conservó la ciudad después del tratado de Roma del 263 a.C.
Durante la segunda guerra púnica, se cree que predominó el partido romano. Pasó a Roma junto con el resto de la isla, pero recibió un trato de favor por parte de Marcelo Taormina, de quien obtuvo el estatus de ciudad federada y aliada (una de las tres de la isla), conservando así una independencia nominal; no tenía ninguna obligación como, por ejemplo, proveer de barcos a la flota romana, como en el caso de otras ciudades de la isla de Sicilia.
Durante la guerra social, desde el 134 a.C. al 132 a.C. fue ocupada por los esclavos rebelados. A lo largo de los años desafiaron al cónsul Publio Rupilio, hasta que fue reducida por hambre y el jefe local, Sarapión, junto a otros jefes destacados fueron ejecutados.
En el año 36 a.C. fue ocupada por Sexto Pompeyo en la guerra contra Octaviano y fue el escenario de un combate naval entre las flotas de ambos, con la victoria final de Pompeyo.
Después de la guerra, Octaviano se estableció allí una colonia romana, expulsando a los antiguos habitantes.
Subsistió durante el Imperio Romano, y producía un vino de buena calidad, siendo muy valorado también el mármol de sus canteras.
Aliada de Roma, se convirtió en la capital de la Sicilia bizantina tras la caída del Imperio Romano. Fue posesión bizantina hasta el 906 en que la ocuparon los árabes tras dos años de asedio, quedando totalmente destruida.
El normando Roger de Hauteville la dominó y reconstruyó en el 1079, de modo que la ciudad alcanzó a partir de entonces un largo periodo de prosperidad.

DEL TEATRO GRIEGO AL ODEÓN
El teatro de Taormina, también conocido como Teatro Griego o Greco-Romano,  se encuentra instalado en una zona privilegiada, ya que desde ella se puede contemplar de manera espectacular la localidad de Giardini di Naxos y el volcán Etna.
Se construyó en la época helenística y fue reconstruido casi en su totalidad en tiempos de la dominación romana. Fue en ésa época cuando el recinto se utilizó para la práctica de la lucha de gladiadores.
El teatro consta de nueve secciones, y está rodeado por un doble pórtico. Originalmente tenía una capacidad para unos 5.000 espectadores, y 109 metros de diámetro. Todavía se mantienen en pie algunas de las columnas de estilo corintio que se alzaban en el muro situado tras el escenario principal.
En este teatro es donde se celebra actualmente el Festival de Cine de Taormina junto con diferentes actuaciones artísticas y musicales.
Si al viajero le interesa la Edad Media, vale la pena que no se pierda una visita al hermoso Palacio Corvaia, de estilo siciliano-medieval que fue construido en el siglo X.
Este palacio medieval fue construido originalmente por los árabes cuando gobernaban Taormina, pues habían conquistado la villa en el año 902. Está ubicado justo al lado de la iglesia de Santa Catalina de Alejandría y en la plaza Badia. Una vez que los árabes dejaron la ciudad, la estructura original fue sufriendo modificaciones y se le agregaron distintas partes, especialmente durante el siglo XV. La parte principal de la estructura sigue siendo árabe, es la torre, pero además hay un patio interno de influencia árabe con ventanas y puertas arqueadas. En el siglo XIII se le sumó una escalinata que asciende al primer piso y un balcón ornamental con vistas directamente al patio.
Al Palacio de Corvaia también se le conoce como el Edificio del Parlamento porque albergó al Parlamento siciliano en 1410 y siempre ha sido una de las joyas más preciadas de Taormina. Se llama Corvaia por una noble y rica familia de la ciudad y fue restaurado en los años 40 del siglo XX. En la actualidad es sede de la Oficina de Turismo, pero también funciona en él un museo que abierto al público.
No muy lejos del Teatro y en las inmediaciones del antiguo foro (ahora plaza Vittorio Emanuele), se levanta con orgullo y solitaria la gran muralla de la llamada Naumachia (siglo I a.C.), según el prestigioso excedente de romana, después del teatro en Taormina. Un total de 122 metros de longitud y unos cinco de altura, en cuya pared se alternan dieciocho grandes nichos absidales y otros tantos pequeños nichos rectangulares. La muralla corre paralela a la actual Corso Humberto, calle principal de la antigua ciudad. Actuando como una antigua terraza, rodeada de aguas abajo por un gran espacio rectangular mucho más amplio que el actual.
Se cree que a este espacio se le denominó Naumachia, debido a los juegos de guerra romanos que se llevaron a cabo en aquel lugar. O quizás un lugar que fue utilizado como gimnasio, a causa de un torso masculino sin cabeza de tipo Praxíteles que fue encontrado en el lugar y ahora puede contemplarse en el museo arqueológico de la antigua abadía.
No hay que olvidar la catedral de Taormina, Il Duomo es una iglesia medieval dedicada a San Nicolás de Bari que se encuentra a lo largo del Corso Umberto, cerca de Porta Catania.
El Odeón (siglo I a.C.) de Taormina data de la época imperial romana, concretamente de la época de César Augusto Octaviano y en cuanto a estructura se asemeja bastante al Teatro Griego, aunque de dimensiones bastante menores ya que estaba pensado para albergar a unas 200 personas, por tanto, a un público más selecto. Se encuentra situado detrás de la colina de Santa Catalina de Alejandría, junto al Palacio Corvaia, y fue descubierto en 1892 durante las obras de construcción del nuevo teatro de la ciudad.
El Odeón reproduce la estructura del Teatro Griego. Consta de tres partes bien diferenciadas: los graderíos, el lugar destinado al coro y los músicos y el escenario. Ésta última aprovechando los restos del antiguo templo de Afrodita que afloró durante las excavaciones. Normalmente eran edificios destinados a espectáculos musicales, aunque también resultaba frecuente que fuesen utilizados para pequeñas representaciones y lugares de debate.

ISOLA BELLA
Isula Bedda en siciliano, es una pequeña isla situada dentro del municipio de Taormina, en la provincia de Mesina. En ocasiones, la pequeña distancia que la separa de la costa desaparece a causa de la marea, convirtiéndose entonces en una península. Se trata de un paradisíaco rincón.
El nombre fue acuñado por el barón Wilhelm von Gloeden, que difundió en todo el mundo el valor artístico de la isla.
Donada en 1806 por Fernando I de las Dos Sicilias a Pancrazio Ciprioti, alcalde de Taormina, fue adquirida en 1890 por Lady Florence Trevelyan, sobrina de la reina Victoria I del Reino Unido y mujer del filántropo alcalde de Taormina, profesor Salvatore Cacciola, que construyó una pintoresca caseta. Posteriormente fue heredada por su único sobrino varón, el abogado Césare Acrosso.
En 1954 fue adquirida por los hermanos Busurgi, que construyeron una espléndida residencia con una minúscula piscina camuflada entre rocas y la vegetación de la zona.
Treinta años después, en 1984, tras una petición del Ayuntamiento de Taormina, la Consejería regional de Bienes Culturales declaró la Isola Bella como lugar de interés histórico artístico de especial valor, sometiéndola a vínculos de tutela. El decreto consideraba la isla como un “monumento natural”.
En 1990 la isla fue puesta a subasta y adquirida por el Assessorato del Beni Culturali. En 1998 fue instituida como reserva natural, gestionada por el Fondo Mundial para la Naturaleza. Recientemente la gestión ha pasado a manos de la provincia de Mesina.
Otro de los puntos de ineludible visita en Taormina es el Jardín Público. De una belleza poco común, este jardín de la Villa Comunale siempre resulta capaz de ofrecer momentos de inolvidable relajación. Es una parada obligada para cualquier persona que pasea sin prisas por Taormina. Este jardín es un lugar ideal para deambular tranquilo rodeado de naturaleza virgen que, entre otras cosas, permite disfrutar de unas panorámicas maravillosas del mar o bien gozar de una lectura agradable una vez sentado en cualquier banco. Plantas hermosas y edificios conocidos como las locuras victorianas, rodean este rincón inigualable que aguarda siempre a los visitantes para proporcionarles horas de sosiego. Ideal para un paseo fresco al resguardo del calor del verano.
En verano, en Taormina hace un calor húmedo con temperaturas que llegan hasta los 40ºC y, en raras ocasiones se superan estos 40ºC. Las lluvias son más bien escasas durante el estío, aunque no se trata de un clima especialmente árido.
En primavera y otoño el clima es suave y con temperaturas muy agradables. En invierno es fresco con temperaturas en torno a los 15ºC.

UNA VISITA A LOS ALREDEDORES
No se puede dejar de dar un paseo a lo largo del Corso Humberto I, la vía principal de la ciudad, ideal para los que quieren ir de compras; aquí se encuentran numerosas tiendas de artesanía en las que se vende absolutamente de todo: desde cerámicas hasta joyas pasando por la ropa y los típicos souvenirs. Para disfrutar de un poco de tranquilidad se pueden recorrer las pintorescas callejuelas y los patios de la parte más antigua de la ciudad.
Taormina, sin lugar a ningún género de dudas, también presume de mar y playas. Durante el verano es una tentación darse un baño refrescante en las aguas transparentes de Giardini di Naxos o en las playas de Mazzaro, a las que se llega con un teleférico desde Mazzeo y Lido Spisone, donde por la noche se puede ir a la discoteca.
Por lo que se refiere a los alrededores y considerada como una de las más bella localidades marítimas de la costa este, Giardini di Naxos se encuentra muy cerca de Taormina y es uno de los lugares predilectos de los sicilianos por el esplendor de sus aguas. El paseo marítimo, muy amplio, alterna playas abiertas al público y lidos equipados, y está lleno de hoteles, restaurantes, pizzerías y discotecas. En Giardini di Naxos existe un puerto en el que atracan incluso barcos de grandes dimensiones.
Taormina es lo más similar a un oasis natural que regala rincones incomparables y muy acogedores. Los amantes de la historia y del arte encuentran en ella el lugar ideal que visitar.

(Ver interesante colección gráfica de este reportaje en GALERIA DE FOTOS)


ROMÁNICO EN EL CORAZÓN DE BARCELONA



SAN PABLO DEL CAMPO


La iglesia de San Pablo del Campo es uno de los edificios románicos mejor conservados de Barcelona. Esta joya del patrimonio catalán formó parte del monasterio benedictino del siglo X, fundado por el conde Wifredo II (874-911), hijo de Wifredo el Velloso.
San Pablo del Campo es, por lo tanto, una de las construcciones más antiguas que se conservan en la ciudad, y su nombre nos recuerda la época en la que el actual barrio del Raval era tierra de campos de cultivo y conventos fuera de las murallas. El claustro, construido entre los siglos XII y XIII, combina los estilos arquitectónicos árabe y románico, técnica que lo convierte en excepcional y que despertó la admiración de artistas como Picasso, que visitaba asiduamente este espacio de paz, en medio de la vorágine de la ciudad, para inspirarse.
Del antiguo monasterio se conserva la iglesia, la sala capitular, el claustro y la casa abacial. En 1879 este conjunto fue declarado Monumento Nacional.

MÚLTIPLES AVATARES HISTÓRICOS
Las obras de construcción del alcantarillado que se llevaron a cabo en 1596 en la calle de San Pablo, dejaron al descubierto la lápida sepulcral del conde de Barcelona Wifredo II, que actualmente se guarda en la sala capitular y sirvió para confirmar que el edificio ya existía en el siglo X. En aquella época sufrió importantes ataques militares, como las razzias de las tropas musulmanas de Al-Mansur en el año 985.
San Pablo del Campo se reconstruyó en 1117 con la financiación del matrimonio formado por Geribert Guitart y su esposa Rotlendis, miembros de la casa de Bell-lloc, de quienes todavía se conservan en el claustro las urnas funerarias. Así pues, San Pablo del Campo se refundó en el siglo XII y reemprendió la vida monástica a partir de la unión con el monasterio de San Cugat del Vallés.
En 1248 se constituyó la Congregación Claustral Tarraconense y Cesaraugustana, que agrupaba los monasterios benedictinos de la antigua Corona de Aragón. Así, el priorato de San Pablo del Campo se convirtió en el centro de celebración de asambleas de abades y priores. Algunos soberanos de la Corona de Aragón, especialmente la reina María de Castilla, mujer de Alfonso el Magnánimo (1420-1458), se interesaron por que el priorato de San Pablo del Campo se convirtiera en abadía, una categoría se alcanzó años más tarde.
No obstante, a partir de 1492, empezó la separación de los monasterios catalanes, cuando el cenobio de Montserrat se anexionó por Real Decreto a la Congregación de San Benito de Valladolid. Así, las asambleas de la Congregación Claustral Tarraconense fueron cada vez menos habituales.
En 1617, San Pablo del Campo se unió a otro monasterio, el de San Pedro de la Portella, situado en la comarca del Berguedá. Este hecho significó una renovación en la vida del monasterio que, por primera vez, tuvo un abad al frente.
Además del culto a San Pablo, entre los años 1654 y 1663 se veneraron las reliquias de San Galderic, patrón de los campesinos catalanes. Desde 2013, vuelve a estar expuesta para la veneración de los fieles una pequeña reliquia del santo procedente de la catedral de Perpiñán.
El año 1672 fue el inicio de una época afortunada para San Pablo del Campo, al convertirse en colegio y noviciado de la congregación. Por lo tanto, hasta 1833, acogió a estudiantes de diferentes monasterios que recibían clases de filosofía y teología. Incluso entre los años 1680 y 1683, el abad José Sastre y Prats, como representante del brazo eclesiástico en las Cortes reales, ocupó la presidencia de la Generalidad. Su lápida sepulcral puede verse en el claustro. De hecho, en los últimos momentos de la guerra de Sucesión, durante el sitio de Barcelona de 1714, el monasterio sirvió de refugio a los miembros del Gobierno de la Generalidad.
Durante la Guerra de la Independencia con los franceses, de 1808 a 1814, el cenobio desempeñó las funciones de hospital de las tropas francesas. En el transcurso de la ocupación, el monasterio resultó dañado y la biblioteca perdió muchos libros. Cuando terminó el conflicto, el colegio se reabrió gracias a la voluntad del joven profesor Joan de Safont y de Ferrer, a quien más tarde nombraron abad.
Safont fue un hombre polifacético: teólogo, matemático, astrónomo, filósofo y catedrático de la Universidad de Barcelona. La sala noble del palacio abacial se llama precisamente del Abad Safont, en su recuerdo.
La comunidad religiosa se marchó definitivamente de San Pablo del Campo en 1835 cuando la desamortización de Mendizábal que tanto daño causó, sacándose a subasta pública buena parte del patrimonio eclesiástico estatal. A partir de esta fecha, el monasterio pasó a ser una parroquia del Obispado de Barcelona.
En 1894 se llevó a cabo una primera restauración de la iglesia y el claustro que acabaría en el año 1908. San Pablo del Campo se volvió a quemar una vez más al año siguiente durante la llamada Semana Trágica, y también en 1936, al inicio de la Guerra Civil. A partir de 1927 se aprovecharon los terrenos de las casas del hortelano y el abad, así como una parte del antiguo huerto, para levantar el actual colegio Collaso y Gil.

ARQUITECTURA
La vieja iglesia del siglo X se remodeló totalmente en otra románica, con una nave en forma de cruz griega, transepto y ábside con dos absidiolos decorados con motivos vegetales y geométricos. La bóveda es de cañón y los arcos, de medio punto. Sobre el crucero se eleva el cimborrio, que descansa en trompas cónicas de base octogonal.
La entrada al templo está flanqueada por dos columnas con capiteles visigóticos de mármol. La portada exhibe in frontispicio con Cristo en majestad en el centro, acompañado por las figuras de San Pablo y San Pedro. La arquivolta está rodeada por un relieve de la mano de Dios en posición de bendecir y por las cuatro representaciones de los evangelistas: el león de San Marcos, el buey de San Lucas, el águila de San Juan y el ángel de San Mateo. La portada da la bienvenida a los visitantes con un texto medieval en latín sobre una donación para reconstruir el templo:
“Esta puerta es el camino del Señor para todos, el portal de la huerta de la vida. Venid pasando por mí. Renací por él y por el alma de su esposa Ramona, dono siete maravedíes para hacer esta iglesia”.
El claustro de San Pablo del Campo es la parte arquitectónica más importante, ya que los tradicionales arcos de medio punto románicos se han sustituido por estructuras con tres o cinco lóbulos de tradición árabe sobre columnas aparejadas. Los cuarenta y ocho capiteles presentan formas variadas, algunos con motivos vegetales y otros con figuras zoomorfas de leones, aves de rapiña y pájaros. También puede observarse el tormento de una mujer entre dos sapos y, al lado, la representación de la expulsión del Paraíso. El rostro de Eva parece que sirvió de inspiración a Picasso para pintar las caras cubistas en Autorretrato (1907) y Las señoritas de la calle de Avinyó (1907).
El maestro Antonio Gaudí, arquitecto de la Sagrada Familia, también se inspiró en los mosaicos de San Pablo del Campo para realizar algunas de sus obras, como la actual parroquia de San Paciano de Barcelona.
San Pablo del Campo es una auténtica joya del románico en pleno corazón de Barcelona.

(Ver interesante colección gráfica de este reportaje en GALERIA DE FOTOS)

G R A N A D A



                                                               EL EMBRUJO DEL SUR
 

En el oriente andaluz, de las bellas cumbres de Sierra Nevada a las soleadas playas del Mediterráneo, se encuentra Granada, a través de los siglos convertida en crisol de culturas ibéricas, fenicias, romanas, árabes y cristianas, las cuales dejaron en ella una indeleble huella hasta erigirla en auténtica maravilla. El último bastión islámico en España y desde sus más remotos orígenes con una importancia histórica de magnitud universal, se muestra hermosa y seductora como la ensalzaron los poetas, resultando un objetivo turístico tan ineludible como fascinante.
Granada de Boabdil, Granada de los Reyes Católicos, de la Alhambra, el Generalife, el Albaicin o el Sacromonte. Granada, un sueño que apasiona hasta límites insospechados, la que fuera reconquistada a los musulmanes que en ella tuvieron su postrer dominio y luz en la gran aventura del descubrimiento del Nuevo Mundo, reducto donde florecieron las letras, las artes y las ciencias para asombro del mundo entero, es en la actualidad una leyenda convertida en auténtica realidad, una ciudad milenaria y colosal que se abre al viajero ávido de escudriñar en sus más recónditos secretos y también al que desea practicar en la nieve su deporte favorito. Un ambiente cosmopolita y multicolor que cautiva de inmediato, y  que por supuesto nunca deja indiferente.

LA ALHAMBRA Y EL GENERALIFE
Hablar de Granada es hacerlo de La Alhambra, sin duda el punto de atención más emblemático para el recién llegado. No se trata solo de una singular edificación sino de una ciudad convertida en palacio con fortaleza o alcazaba, aposentos reales, mezquitas, cuarteles, viviendas, baños, espléndidos jardines, escuelas, cementerios… Y algo que puede resultar poco menos que inconcebible para las mentes puramente analíticas es que en ella el simbolismo y su significación tienen tanta o más relevancia que los propios materiales. Y así el agua, la luz, la poesía… son elementos incluso más importantes que la piedra, el ladrillo o la madera.
En el siglo XI y sobre los restos de edificaciones romanas y visigóticas, Mohamed Ibn  Alhamar, fundador de la dinastía nazarita, construyó la alcazaba o ciudadela militar. Sucesivamente se ampliaron las obras hasta constituirse el denominado Palacio Real, ampliándose a la Alhambra Alta, residencia de altos cortesanos. Está construida sobre la colina Assabica (roja) que domina toda Granada y su Albaicín.
Hay que deambular por el patio de los Arrayanes, el de los Leones o el de Mexuar, la sala de Dos Hermanas o la de los Abencerrajes, el oratorio, el cuarto dorado, el mirador y el jardín de Daraxa, acceder al palacio de Carlos I y hacerlo sin prisa, con deleite y extasiándose en la contemplación de sus maravillas, dejando volar la imaginación a la que de inmediato afluyen multitud de historias románticas de amor y muerte, de traiciones y venganzas, en las que juegan un papel preponderante poderosos califas, valerosos guerreros, mujeres de refinada belleza, músicos, artistas y nobles caballeros. Un recorrido a través de la Historia que embriaga y absorbe los sentidos.
Por lo que respecta al Generalife hay que hacer constar que se trata de la antigua residencia y recreo de los reyes nazaritas. Preciosos juegos de aguas, estanques todos ellos dentro de un hermoso jardín perfectamente cuidado con abundante vegetación y hermosas flores, maravillan al visitante.
El Generalife está situado en el Cerro del Sol, colindante con la Alhambra y con acceso directo desde ésta, y dominado por la llamada Silla del Moro.

DEL SACROMONTE AL ALBAICÍN
Abandonando los incomparables jardines y pabellones del Generalife y al llegar a la cuesta del Chapiz, se inicia el camino hacia el Sacromonte, el cual transcurre de forma sinuosa entre la muralla del Albaicín y el río Darro, y en el que con frecuencia surgen en la misma montaña las típicas viviendas-cuevas en las que suele venderse la rica artesanía granadina (cobres, hierros forjados, lozas, vidrios, etc.) y donde se encuadran los rituales cantos y bailes flamencos al son de guitarras y castañuelas.
En la abadía del Sacromonte y concretamente debajo de la iglesia, se encuentran las catacumbas donde sufrió martirio San Cecilio, primer obispo y patrón de Granada.
El Albaicín actual, a escasa distancia del Sacromonte, conserva íntegro su tipismo de otras épocas con sus angostas y empinadas callejuelas, así como preciosos rincones salpicados por diminutas plazoletas en las que la cal de sus fachadas y los claveles y geranios de sus balcones juegan a poner la nota de color y son una muestra permanente del buen gusto y esmero con que todas las gentes cuidan este barrio excepcional. Un lugar en el que se entremezclan las ruinas históricas, árabes, romanas o visigóticas con los no menos famosos “cármenes” granadinos de frescos y bellos jardines.
El Albaicín es una especie de ciudad aparte y cuyo nombre procede de haberlo poblado en 1228 los moros de Baeza expulsados de allí por el rey San Fernando al conquistar aquella ciudad. Era uno de los núcleos más poblados y laboriosos de Granada, cuya importancia demuestra la existencia en él de una treintena de mezquitas, muchas de las cuales subsisten. En la actualidad, el Albaicín conserva en su conjunto su aspecto típico original, y su disposición urbana puede decirse que es la misma que presentaba en la época morisca.
Las magníficas panorámicas sobre la Alhambra con sus encuadres de excepción le confieren a este enclave un encanto y placidez inigualables.

LA CATEDRAL Y OTROS PUNTOS DE INTERÉS
Pero Granada no es sólo la Alhambra, el Albaicín, el Generalife o el Sacromonte, es más, muchísimo más y resulta del todo imposible reunir en sólo unas líneas el relato de todas las riquezas que atesora y que, sin duda, merecen una inexcusable visita.
La Catedral, considerada como la primera iglesia renacentista de España, se convierte en museo de excepcional importancia. Las obras se iniciaron en 1518 y sus artífices fueron Enrique Egas, Diego de Siloé y Juan de Mena sucesivamente. Fue terminada en el año 1600. Está situada en la plaza de las Pasiegas y la entrada a la Sacristía y el Museo, por la Gran Vía de Colón.
A destacar, asimismo, la Capilla Real, erigida por los Reyes Católicos en 1594, en estilo gótico y florido con portada plateresca. Sobresalen la verja central, obra de Bartolomé de Jaén, el retablo y valiosas tallas y pinturas flamencas, así como los mausoleos de los Reyes Católicos, sus hijos Felipe y Juana y nieto Príncipe Miguel, bajo los cuales descansan sus restos. Interiormente se comunica con la Catedral y con la iglesia del Sagrario.
La Cartuja comenzó a edificarse en 1506, continuando sus obras durante tres siglos. Destacan el Santo Sanctorum y la Sacristía del más puro barroco español. Está situada en la carretera de Alfacar, debajo de la Facultad de Teología.
San Jerónimo: Iglesia y convento debido a Florentino el Indiano y a Diego de Siloé. El retablo es una obra maravillosa y ante el altar mayor reposan los restos del Gran Capitán, aunque sobre ello existe la duda de si fueron destruidos cuando la desvalijaron las tropas francesas. El convento, restaurado, es otra verdadera obra de arte con sus preciosos patios.
La basílica donde se encuentran los restos mortales de San Juan de Dios también resulta interesante de ver. Es una perfecta muestra del barroco granadino y está ubicada en la calle del mismo nombre.
El Hospital Real es un magnífico edificio fundado por los Reyes Católicos en 1504, junto a los jardines del Triunfo. Adscrito a la Universidad, en él se han instalado los servicios generales, rectorado, oficinas y biblioteca. Por su parte, el Palacio de la Madraza, antigua universidad de los moros granadinos, convertida más tarde en Ayuntamiento. En su interior se llevan a cabo interesantes actos culturales, congresos y exposiciones, etc.
No debe olvidarse el llamado Corral del Carbón, el monumento más antiguo que dejaron los árabes y único en su género. Era depósito de mercancías y albergue de mercaderes. Los cristianos lo adaptaron para representaciones teatrales y en la actualidad tiene instaladas ventas de artesanía granadina.
La Real Chancillería es otro hermoso edificio del siglo XVI, de estilo renacentista y preciosa fachada, convertido posteriormente en Palacio de la Audiencia. 
La Casa de los Tiros es una interesante construcción del siglo XVI, con fachada de piedra y torreón rematado por almenas, con cinco estatuas y escudo de la familia Granada Venegas. Dentro de ella está ubicado el Museo de Historia y Artesanía Granadina con interesantes cuadros, esculturas, grabados, planos y fotografías de Granada.
Las iglesias de Santa Ana y San José. La primera edificada en el primer tercio del siglo XVI, de estilo mudéjar y con portada plateresca. La segunda se encuentra alzada en el lugar que ocupó la antigua “mezquita de los morabitos”, es una de las más antiguas de la ciudad (siglos VII al X), bendecida en 1492 y derribada en 1517 para construir un templo cristiano. El alminar, hoy torre de la iglesia, es el único minarete conocido en España anterior al tipo almorávide. Está situada en la Cuesta de San José, en la zona del Albaicín.
Son puntos de interés también la Casa de Castril, uno de los más bellos palacios granadinos, con portada de gran opulencia decorativa y preciosa fachada. En este edificio se encuentra instalado el Museo Arqueológico.
La Casa del Chapiz es un edificio morisco del siglo XVI, en la actualidad residencia de la Escuela de Estudios Árabes fundada en 1932 para la investigación de la cultura musulmana y enseñanza de la española entre los orientales.
Los baños árabes de El Bañuelo es una obra del siglo XI, fueron restaurados en 1928 y son los más completos e importantes de España.
La Puerta Monaíta, también conocida como Puerta de la Alhacaba se encuentra en el Albaicín. Por su parte, la Puerta de Elvira es la principal de la ciudad y una de las más antiguas. Está situada en su inicio en la calle del mismo nombre, por la plaza del Triunfo.
Y la ruta de lo más importante de Granada continúa con el Convento de Santa Catalina de Zafra, la iglesia de los Santos Justo y Pastor, la Ermita de San Sebastián, las Murallas del Albaicín, la Casa del Padre Suárez, la Casa-Museo de Manuel de Falla o las Torres Bermejas, fortaleza avanzada del recinto de la Alhambra, una de las más viejas defensas de Granada que data de los siglos VIII y IX… Todo un compendio de arte e historia que obliga al visitante, por así decirlo, a permanecer en la ciudad varios días para de tal modo empaparse de sus múltiples atractivos.

SIERRA NEVADA
Dentro del macizo de la Penibética, con alturas superiores a los 3.000 metros, se encuentra la estación de esquí más meridional de Europa, concretamente a 2.100 metros de altura.
Sus buenas comunicaciones por la carretera más alta del continente europeo, pues alcanza al mismo pico del Veleta, que ponen la base de la estación Pradollano, a una hora escasa de Granada y a ese mismo tiempo del Veleta. Sus magníficas instalaciones hoteleras y turísticas, sus comercios especializados y todo ello completado con un buen número de pistas de todo tipo enlazadas por los medios de arrastre adecuados, hacen de este centro un lugar muy visitado por extranjeros y españoles.
La subida desde Granada ofrece un recorrido realmente interesante, con panorámicas variadas de amplias zonas. El mirador de Canales, situado en la primera parte de la ascensión, permite contemplar el cerrado valle del río Genil. Desde lo alto del Veleta, a 3.394 metros, la vista que se ofrece, sobre todo en los días claros, es realmente impresionante.
Durante el verano puede completarse este recorrido tomando la pista que, desde las proximidades del Veleta, une a esta carretera con la de la Alpujarra, a la altura de Capileira. Son 35 kilómetros de recorrido portentoso.
Lejos de la capital son muchos también los enclaves de importancia, tales como La Alpujarra o la Costa del Sol granadina, o bien Almuñécar, Alhama de Granada, Loja, Iznalloz, Motril… Rincones que aglutinan un evidente interés turístico cuya fama está sobradamente reconocida.
Con una gastronomía muy apreciada a todos los niveles, artesanía de gran relieve, bien comunicada y con una infraestructura hotelera de primer orden, Granada y su provincia son una cita ineludible en la agenda de todo buen viajero.

(Ver interesante colección gráfica de este reportaje en GALERIA DE FOTOS)