EL MÁGICO MUNDO DE LA DANZA INDIA



Al igual que la música, la existencia de la danza en la India se remonta a los albores de la historia de su cultura y lo hace vinculada estrechamente a la religión, dado que formaba parte de los rituales de adoración a las distintas divinidades por parte de las llamadas devadasi, bailarinas de los templos, merced a las cuales se han conservado los bailes más clásicos hasta nuestros días. En la mitología hindú, el origen de los mismos se atribuye al dios Shiva, que bajo la forma de -señor de la danza- recibe el nombre de Nataraja.
Habiendo recibido de Brahma infinidad de valiosos reconocimientos sobre las artes, el sabio Bharata los recopiló en una extensa obra, el denominado Natya Shastra, el tratado sobre la danza y el drama más antiguo que existe, el cual data, según parece, de los inicios de la era cristiana.
En el Natya Shastra se hallan definidos la técnica, interpretación, presentación y otros fundamentales aspectos del baile clásico indio, sirviendo este meticuloso trabajo de guía e inspiración para los diferentes estilos de danzas, así como los manuales especializados que surgieron con posterioridad.

ORÍGENES MILENARIOS
Al hablar de orígenes siempre hay que remontarse unos cinco mil años atrás, o lo que es igual, tres mil años a.C. y citar como referencia las ruinas de Mohenjo-Daro, pertenecientes a la civilización del valle del Indo, lugar donde fueron encontrados interesantes vestigios y entre ellos, muy curiosamente, una estatuilla de metal representando a una bailarina en pose de danza.
Los Vedas también citan el arte de la danza en algunos pasajes de gran belleza y lo mismo sucede con los poemas épicos del Mahabharata y el Ramayana.
En el estado de Orissa, en las cuevas de Udayagiri y Khandagiri, existen figuras talladas en la roca y representan escenas de baile. En realidad, son muchos y muy variados los referentes que pueden citarse en torno a los inicios de la danza en la India.
Al tener unos principios sólidamente establecidos, la unión resulta casi perfecta en lo que se refiere a sus valores espirituales, tradiciones, cultura y cualidades comunes como un profundo sentimiento religioso, la hospitalidad, la familia, el respeto a los mayores y el amor a las artes.
La diversidad de la India como pueblo es tan grande, mejor sería decir tan inmensa, que puede dar cabida en el interior del mismo país a las montañas más elevadas del mundo, selvas de lujuriosa vegetación y áridos desiertos, valles surcados por caudalosos ríos y playas excepcionales, tanto al este como al oeste, a orillas del mar de Bengala o el de Arabia, y climas tan extremos como el calor tropical o las nieves perpetuas.
Lógicamente, con unos contrastes tan evidentes, en sus abigarradas ciudades y pequeñas aldeas, los habitantes de esta tierra han manifestado desde épocas remotas un gran sentido artístico y, mientras en lo más profundo de su interior trataban de hallar respuestas a los misterios que se planteaban sobre su existencia, a su vez expresaban sus sentimientos devocionales y estéticos con canciones de una gran belleza, pero lo hacían con matices, con unas características diferentes y formas bien definidas, dependiendo de su lugar de origen.
El hecho de que se desarrollaran diversos estilos clásicos de baile se debió principalmente a que cada región, a la vez que adoptó los elementos básicos y las reglas fundamentales que rigen este arte, aportó al mismo influencias locales como las tradiciones, música, gustos artísticos, indumentaria, etc… además de la personalidad propia de los artistas que participaron en su evolución.
Así, por ejemplo, el Bharata Natyam, Odissi, Kathakali, Kuchipudi, Khatak o Manipuri, son estilos de baile clásico que corresponden a los estados de Tamil Nadu, Orissa, Kerala, Andhra Pradesh y algunas regiones concretas de Uttar Pradesh y Manipur respectivamente. Cada tipo de danza clásica tiene sus particularidades y todas conllevan un vocabulario preciso de emociones, ya sean amor, tristeza, anhelo, etc. Y bajo el común denominador de ser una forma de culto religioso, se expresan mediante gestos y actitudes del cuerpo, brazos, manos, pies, dedos, rostro y ojos, lo que supone que cada movimiento realizado por un bailarín tenga un significado específico.
Además, con el transcurso del tiempo, la danza clásica se enriqueció con las costumbres populares existentes en las diferentes regiones, surgiendo otro tipo de baile tradicional muy arraigado entre las gentes.
A través de las danzas tradicionales puede accederse al conocimiento del alma de los pueblos, porque las mismas son como un espejo en el cual se reflejan sus más profundos sentimientos o ideales. Por eso es muy natural que en un país como la India, donde la espiritualidad es algo tan inherente, lleguen a formar parte incluso de la propia vida y, el arte en general y la danza muy en particular, expresen sutiles experiencias internas a la vez que las manifiestan exteriormente de la forma más bella y armoniosa.
Resulta innegable que la música y la danza clásica hindustani siempre resultan apasionantes.
La danza, al igual que todas las artes, exige a quienes se dedican a ella una disciplina muy especial y, sobre todo, un alto poder de concentración.
Interpretar una danza clásica requiere un perfecto dominio de la mente y el cuerpo, logrado a través de una intensa y continua práctica. Unido todo ello al gozo que experimenta la bailarina al ejecutar su propio arte y a la sensación de belleza plástica, le confiere, sin duda, una muy particular sensibilidad que aproxima al sentimiento espiritual.
El simbolismo religioso siempre ha influido en todas las artes y en la India se percibe en sus diversas manifestaciones.
A pesar de que, en la mayoría de los casos, las coreografías están claramente establecidas por una serie de reglas que las rigen, existe una cierta libertad de acción para la intérprete, pudiendo improvisar en determinados momentos, aunque ello depende mucho de la experiencia y profesionalidad de la bailarina.
Resulta verdaderamente curioso observar durante la ejecución de una danza los gestos de las manos, de las piernas, las posturas que adoptan los pies, el cuello, los ojos muy primordialmente, la boca y los párpados de la intérprete.
Todo tiene un significado y del conjunto de las emociones expresadas surge el placer estético.

EL CULTO A LAS DEIDADES
Al igual que sucede en todas las religiones, las ceremonias de adoración a las divinidades ocupan una parte importante de los ritos a llevar a cabo, creando siempre una atmósfera propicia que ayuda a la mente a concentrarse en pensamientos espirituales.
Desde hace miles de años, los templos erigidos a los dioses han tenido una gran influencia en la sociedad hindú y, al margen de cumplir su función como centro de culto y prácticas espirituales, disponían de estancias y dependencias anexas en las cuales se reunían con frecuencia los filósofos y grandes sacerdotes para comentar las sagradas escrituras, siendo también lugar de cita para los contadores de relatos y cuentos, especialmente poemas épicos como el Mahabharata o los Puranas.
De alguna forma, los templos eran también importantes centros de cultura.
En estos templos, junto con los upacharas u ofrendas a una deidad, ya fuesen frutas, flores o perfumes, surgieron como algo propicio la música y la danza. Con el transcurso de los tiempos, la danza como forma simbólica de culto acabó por convertirse en un fenómeno de tipo social, de ahí que se encontraran bailarines en cualquier tipo de acontecimiento y no sólo por lo que de espectáculo tiene la danza, sino porque los bailarines, al igual que todos los brahmanes, están considerados como portadores de energía positiva dado que siempre atraen las bendiciones de los dioses y los mejores augurios.
Las devadasi o servidoras de Dios eran jóvenes que se consagraban a la deidad de un templo y su principal función consistía en cantar y bailar en su honor, para lograr su protección. Por lo general, también actuaban en determinadas festividades, al realizar ceremonias especiales o bien cuando la deidad era llevada en procesión por las calles.
Las devadasi, como se las conoce en el sur de la India, dado que en otras regiones tienen nombres distintos, solían dividirse en diferentes categorías y de acuerdo con los motivos por los cuales entraban al servicio de un templo. Existían aquellas que, sin recibir ningún tipo de retribución, se ofrecían por voluntad propia y las que se vendían o eran vendidas de por vida como servidoras del santuario. También había devadasi que se ofrecían para cumplir una penitencia, para lograr de los dioses un deseo muy determinado, prosperidad para su familia o bien como gratitud por haberles sido concedido una gracia especial. Los motivos podían ser muchos y muy diversos.
Había mujeres que dedicaban su vida al templo por simple devoción, niñas huérfanas que eran recogidas por los sacerdotes y otras que lo heredaban de sus madres, siendo preparadas desde muy corta edad para concluir prestando sus servicios a cambio de una remuneración.
La princesa Mirabai, esposa del maharana rajput de Chittor, era una gran poetisa que ofrecía sus cantos y bailes al dios Krishna en el templo de su ciudad. En cierta ocasión, el gran emperador mogol Akbar, fascinado por todo cuanto había oído hablar de ella, junto con el maestro de música de su corte viajó hasta donde vivía la princesa para conocerla. Una vez en el templo y disfrazados de peregrinos, se mezclaron entre los fieles para de tal forma poder contemplar a la mística Mirabai. Al finalizar su actuación, Akbar se aproximó a la bailarina, tocó sus pies en señal respetuosa y luego depositó un valioso collar como ofrenda a la imagen de Krishna. A causa de la proverbial enemistad entre mogoles y rajputs, el incidente le causó a Mirabai infinidad de problemas en su corte.
Se conoce por relatos históricos que, mujeres pertenecientes a nobles familias, incluso reinas y algunas de ellas casadas, por circunstancias bastante especiales llegaron a ser devadasi. Estos casos infrecuentes se dieron en Mysore, Puri y Kanchipuram.
Las adolescentes, casi niñas, que eran aceptadas para ser devadasi en un templo, después de superar una serie de trámites y cuando los astrólogos determinaban la fecha propicia, eran recibidas en la que iba a ser su morada a partir de entonces, siendo conducidas en procesión a lomos de un caballo ricamente engalanado. Una vez la comitiva llegaba al templo y a manera de ofrenda, se procedía a depositar a los pies de la deidad una bandeja de metal con los elementos necesarios para el ritual, especialmente un collar con un pendiente de oro, símbolo del enlace matrimonial hindú. Sentadas frente al altar, recibían el collar de manos del sacerdote oficiante con lo cual quedaban convertidas en esposas del dios venerado en aquel lugar, pasando entonces a recibir su primera lección de danza.
Las devadasi recibían una enseñanza muy superior a la que ofrecía cualquier escuela, siendo con el tiempo unas mujeres privilegiadas por los amplios conocimientos adquiridos, los cuales las diferenciaban ostensiblemente del resto de mujeres.
Cuando se completaba su instrucción, las jóvenes pasaban a pertenecer al templo y el día que realizaban su primera danza era una ocasión de vital importancia en su vida, dándose el caso de que al celebrarse esta ceremonia acudían a la misma otros artistas, eruditos y gentes de la nobleza.
A lo largo de la historia se dieron muchos casos de devadasi  que alcanzaron honores y prestigio, siendo muy respetadas y admiradas.
Con el paso del tiempo, muchas tradiciones se fueron perdiendo, se adulteraron las costumbres y debitaron las reglas de conducta que regían para las devadasi, prevaleciendo la tentación de recibir remuneraciones en dinero a cambio de actuar en las residencias de los personajes nobles y determinados festivales públicos.
Las bailarinas dejaron de pertenecer exclusivamente a un templo determinado y en algunas ocasiones, en torno a ellas crecieron habladurías que en nada las beneficiaban. Llegó a decirse que mantenían relaciones amorosas con los sacerdotes y los brahmanes de los templos, y también que eran las favoritas de algunos reyes que terminaron casándose con ellas. Incluso existen escritos en los cuales se cita que, especialmente durante la época colonial británica, se transformaron en esclavas para el entretenimiento y sus actuaciones eran una forma encubierta de prostitución.
Muy a pesar de los rumores negativos que crecieron a su alrededor, aún hoy, las devadasi están consideradas como personas de buen augurio y de ahí que sigan estando presentes en muchas manifestaciones de tipo religioso y social.

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SANTA MARIA DE MELQUE



UNA MARAVILLA VISIGÓTICA

Santa María de Melque se encuentra en el término municipal de San Martín de Montalbán, en la provincia de Toledo y distante unos treinta kilómetros de la capital, equidistante además de las localidades de La Puebla de Montalbán y Gálvez, entre el arroyo Ripas y el río Torcón, afluente de la margen izquierda del río Tajo.
De todo el complejo, recientemente restaurado destaca la Iglesia, ejemplar visigótico, que constituye uno de los monumentos religiosos más destacados de la Alta Edad Media en España.
En la actualidad pueden visitarse la iglesia que ocupa el centro del complejo y el centro de interpretación que se ha instalado dependencias anejas también restauradas. El paisaje que se observa desde Santa María es también característico de la zona.

UNA DILATADA HISTORIA
Santa María de Melque nació como conjunto monástico en los siglos VII y VIII en las cercanías de la que era la capital del reino visigodo, Toledo. Su fecha de construcción inicial es muy antigua, del siglo VII, que coincide con el final del reino visigodo. La datación por radiocarbono de una muestra de esparto obtenida de la parte conservada del enlucido original de estuco ha dado una fecha de construcción más probable en el intervalo 668-729 a.C.
Probablemente su construcción se paralizó cuando comenzó la llegada de los árabes y se terminó y reformó después, habiendo sufrido múltiples vicisitudes históricas.
En su origen hubo en aquel lugar una quinta romana con cinco presas sobre los dos arroyos que rodean el montículo rocoso. Luego se construyó el monasterio con edificios organizados en torno a la iglesia.
La conquista musulmana de la Península Ibérica no terminó inmediatamente con este núcleo monástico pues se tienen testimonios de la pervivencia de una comunidad mozárabe que luego desapareció. Sus construcciones fueron aprovechadas como núcleo urbano y su iglesia se fortificó con la construcción de una torre sobre la cúpula de la iglesia, torre que se sigue conservando. El agua de lluvia y de las torrenteras se embalsaba mediante presas situadas a uno y otro lado del complejo.
Con la conquista de Toledo por el rey Alfonso VI de Castilla en el año 1085 el templo recuperó su función litúrgica sin perder su función militar. Las tumbas antropomorfas situadas al este y los restos de barbacanas que se conservan son testimonios de este periodo histórico.
En 1148 aparece mencionada con el nombre de Santa María de Balat Almelc en la bula del Papa Eugenio III que establece los límites de la archidiócesis de Toledo tras la reconquista de la ciudad (bula dada en Reims el 16 de abril de 1148). También aparece mencionada en las relaciones topográficas de Felipe II (1575, en el capítulo dedicado a La Puebla de Montalbán) y en las descripciones del cardenal Lorenzana (1784), en ambos casos ya con el nombre actual de Melque y descrita como ermita rural a la que peregrinaban una vez al año en romería los vecinos de La Puebla de Montalbán.
El pequeño núcleo de población pervivió hasta bien entrado el siglo XIX, aprovechándose las construcciones monásticas para usos de casa de labranza. La brutal desamortización de Mendizábal terminó con el culto, siendo destinadas todas sus construcciones a establos y pajares.
En 1968 la Diputación Provincial de Toledo adquirió el complejo y lo restauró, rehabilitando la iglesia y también los edificios anejos donde se instaló el centro de interpretación de Santa María y el mundo visigótico. En una de sus salas todavía se puede apreciar un largo pesebre construido con materiales del propio conjunto monástico. Se espera seguir trabajando en la recuperación de las presas, la cerca y el poblado visigótico.

LA IGLESIA
Fue construida en la primera mitad del siglo VIII y es uno de los monumentos mejor conservados de la España Alto Medieval. Su técnica constructiva es herencia directa de la arquitectura tardo-romana.
Sin embargo, los escasos elementos decorativos que se conservan (filigranas de estuco en los arcos torales del crucero) la ponen en relación con influencias cristianas orientales de lo que ahora es Siria o Jordania. El gran arcosolio (sarcófago) que se puede ver aún en el fondo del brazo sur del crucero, sugiere que Melque pudo ser en un principio un mausoleo destinado al enterramiento de un alto personaje del Reino Visigodo de Toledo. Más tarde, la iglesia fue reformada por lo menos dos veces.
Los templarios de la Reconquista convirtieron la iglesia en torre defensiva, transformándola en una turris a la romana. Esta torre sobre el cimborrio fue posteriormente desmontada. Tenía un porche con tres aberturas hoy desaparecido.
La planta es cruciforme con un ábside central; los dos ábsides laterales fueron añadidos más tarde. Se conservan íntegras sus distintas naves, algunas capillas laterales y una sala dotada de arcos de herradura muy pronunciados. Se conserva también un nicho probablemente del fundador del templo, tal y como se ha indicado con anterioridad.
El presbiterio es amplio como corresponde a una comunidad monástica y a ambos lados de él pueden apreciarse arcos de medio punto achatados. Sobre la bóveda se conserva la torre musulmana a la que se accedía por escalera exterior.
Su fábrica es de enormes bloques de granito ensamblados en seco, que recuerda el acueducto de Segovia. La molduración está calculada en codos romanos y es similar a la de San Pedro de la Mata, también en Toledo, o a la de San Miguel de los Fresnos, en Badajoz.
Esta iglesia tiene aportaciones de estilo claramente visigodo y soluciones nuevas que aportan los mozárabes, y además recuerdos del estilo romano:
·         Aportaciones visigodas: el arco de herradura que sostiene la bóveda del ábside, que sobrepasa en 1/3 del radio. El conjunto desprovisto de restos esculpidos, de tradición visigoda. El arcosolio.
·         Aportaciones mozárabes: arcos centrales de herradura sobrepasados en ½ del radio. Arcos de las ventanas en 2/3. Las extrañas pilastras semicirculares del interior que tampoco pueden considerarse adosadas.
·         Innovaciones: el rebaje circular de las esquinas en sus cuatro fachadas más la hendidura vertical a ambos lados, dando el aspecto de pseudocolumnas. Se parecen a las columnas situadas en las esquinas de las torres linternas de estilo románico normando. Es una solución sin precedentes.
·         Estilo romano: los enormes bloques de granito, la molduración de codos romanos, su planta que puede compararse con el mausoleo de Gala Placidia en Rávena (Italia).
Es un edificio visigodo desde el punto de vista cronológico, pero con soluciones protomozárabes.

LEYENDA DE LA MESA DE SALOMÓN
El investigador José Ignacio Carmona, en su estudio histórico Santa María de Melque y el tesoro de Salomón, señala como existe total unanimidad por parte de historiadores con respecto a la Mesa de Salomón en lo siguiente:
·     De existir una Mesa llamada de Salomón, no fue ninguna de las halladas tras la invasión árabe, como se desprende de las fuentes más autorizadas; prueba de ello es que en los siglos posteriores muchas personas principales como Felipe II, proseguían con su búsqueda.
·         Hasta el último momento, el clan godo que apoyaba la invasión no temió por las reliquias, pues lejos de ver a los árabes como una amenaza esperaban ser restituidos en el trono.
·         Los visigodos ocultaron no pocos de sus tesoros y secretos en sarcófagos, enterramientos y cuevas asociadas a construcciones, como se deduce por descubrimientos posteriores.
·         El clan visigodo perdedor, al verse sorprendido por el rápido avance de los musulmanes, improvisó vías de salida, llevando consigo los objetos de importancia, tal como se relata con respecto a la famosa arca de las reliquias, que acabó en una cueva a las afueras de Oviedo. La ocultación en las proximidades de la capital apunta a un exceso de confianza y bien puso ser llevado a cabo por cualquiera de los clanes; por el clan vencedor porque no se fiaría de los árabes hasta no ser restituido; por el clan derrotado porque pudo confiar en la transitoriedad que suponían las constantes alternancias y luchas de poder en el mundo visigodo.
·         Las vías naturales de salida de Toledo irían en la dirección de los montes de Toledo, donde existían antiguas vías romanas que facilitaban la huida, tal como se confirma con la trayectoria y localización del tesoro de Guarrazar.
·         En la misma trayectoria de la localidad donde apareció el tesoro de Guarrazar (Guadamur), y apenas a unos kilómetros equidistantes, se encuentra no por casualidad, una de las iglesias más antiguas y desconocidas de España. Esta iglesia cuenta con todos los elementos razonables de probabilidad: un arcosolio, una intrincada red de galerías subterráneas, una posterior vinculación a la Orden del Temple y leyendas y tradiciones que la relacionan con los tesoros templarios.
Louis Charpentier pone el ejemplo de Dormelle (Seine-et-Marne), un subterráneo muy amplio con bóveda de ladrillo y forma de cuna que se comunicaba, tomando la dirección de Paley, con una encomienda templaria hermana. En el castillo de Montalbán sus subterráneos son funcionalmente anacrónicos y guardan una semejanza casi absoluta con la descripción de Charpentier.
Algunos de estos objetos podrían estar ubicados en el entorno del castillo de Montalbán y la iglesia de Santa María de Melque, en Toledo.
La iglesia de Santa María de Melque era el lugar idóneo para ocultar cualquier tesoro, debido a la existencia en sus aledaños de una intrincada red de galerías que se proyecta hasta el cercano castillo de Montalbán. La trama del Santo Grial tiene su punto de inflexión en Toledo, a través de Flegetanis, no por casualidad “del linaje de Salomón”. Solo en Toledo podrían hallarse los hombres puros, es decir, los del “saco de Benjamín”, la más pura aristocracia judía, los atávicos custodios de los objetos sacrosantos del pueblo judío.
El castillo de Montalbán encuentra su protagonismo independientemente de si en sus entrañas, comunicadas con la iglesia de Santa María de Melque exista una piedra llamada Grial o Mesa de Salomón.
Todavía muchos misterios se ciernen en torno a esta maravilla visigótica de Santa María de Melque. Puede que algún día se descubran o quizá sigan ocultos para la Historia.

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C R E T A



UN  CAPRICHO  DE  LOS  DIOSES


Según la mitología griega, Rea ocultó a Zeus en el monte Ida, situado en el centro de la isla. El mismo dios llegó a Creta tras raptar a Europa y de su unión nacieron tres hijos, uno de los cuales fue Minos, cuya esposa dio a luz al Minotauro, que luego fue encerrado en el Laberinto.
También existen una infinidad de leyendas que se desarrollan en esta isla sobre Ícaro, Dédalo y Talos, que era un gigante de bronce que defendía la isla de cualquier amenaza.
En torno a Creta son múltiples las referencias que existen sobre sus orígenes mitológicos, de ahí que un halo de misterio y fascinación la haya envuelto a lo largo de su historia.
Creta es la isla más grande de Grecia y la quinta en tamaño del mar Mediterráneo. El archipiélago cretense conforma una de las siete administraciones descentralizadas del país. Hasta principios del siglo XX también se la conoció con el nombre de Candia, topónimo que deriva del latín candidus (blanco) y que le aplicaron los marinos y comerciantes italianos de la época medieval.
Antiguamente, Creta fue un centro de la cultura minoica (2700-1420 a.C.), siendo considerada la más antigua civilización de la que se tiene constancia en Europa.

GEOGRAFÍA, CLIMA Y POBLACIÓN
Posee una superficie de 8.300 kilómetros cuadrados, una costa de 1.040 kilómetros de longitud y una población aproximada de unos 620.000 habitantes.
La isla está situada en el extremo sur del mar Egeo y no muy distante del litoral de Egipto en África. Presenta cotas de altura sobre el nivel del mar muy próximas a los 2.500 metros en el monte Ida (2.460 m.) y en Levka Ori (2.452 m.), y una altitud media de más de 200 metros en gran parte de su superficie.
Su relieve está configurado en gran medida por la actividad sísmica, responsable de sus 1.040 kilómetros de recortadas costas y de sus llanuras fragmentadas. Su río más importante es el Mesara y entre sus golfos sobresalen el de Mira bello (Mirampéllou), el Chanión (Khanión) y las bahías de Mesara y de Almyroú. Sus cabos más importantes son el Spátha (Akra Spánta), el Stravros y el Sideros (Akra Sideros).
El clima es mediterráneo con divergencias entre el norte, más húmedo que el sur debido a la menor incidencia de los rayos solares (vertiente de umbría al norte y de solana al sur). La forma alargada de la isla (265 kilómetros de longitud) origina un déficit hídrico en la zona oriental, que se encuentra a sotavento de los vientos del oeste.
La vegetación existente es la típica del clima mediterráneo, aunque muy degradada por la acción humana. Entre la vegetación arbórea se cuentan el ciprés y el castaño; en la arbustiva, las plantas aromáticas típicas del clima: salvia, tomillo y orégano. También están presentes enebros, retamas, adelfas y mirtos.
En la antigüedad fue llamada “la isla de los olivos” por la gran extensión de estos árboles y su cultivo.
Según el censo, su población es casi la misma que la total en el resto de las islas de Grecia. Tiene una densidad de 72 habitantes por kilómetros cuadrados, inferior a la del país (83 hab. k/m2). Desde mediados del siglo XX, el éxodo rural ha mermado su población. La emigración exterior se ha dirigido hacia Atenas y otros países de Europa, mientras que la interior ha tenido como receptoras a las ciudades insulares.
Creta es una de las regiones en que se divide Grecia. La capital es la ciudad de Heraclion y se divide administrativamente en cuatro unidades periféricas: La Canea, Rétino, Heraclion y Lasithi. Otras ciudades importantes son La Canea, Rétino, Ierápetra, Agios Nikolaos, Siteia, Moires, Neápoli, Tympaki y Kissamos.
La economía es básicamente agraria, aunque el turismo va en aumento. Existe un núcleo industrial en torno a la capital. Entre los productos agrícolas destacan las uvas pasas, además del olivo, los cereales, las hortalizas y las frutas. La ganadería, en retroceso, es predominantemente ovina y caprina.

UNA HISTORIA DE SIGLOS
A pesar de su situación geográfica y el favorable clima, los primeros pobladores de Creta no aparecieron hasta el Neolítico, llegando en dos grandes oleadas. El tipo étnico colonizador no está relacionado con ninguna de las grandes corrientes, clasificándose como mediterráneo, al igual que las gentes que poblaban las cercanas costas de Asia Menor o las vecinas islas Cícladas, cuyos pobladores progresaron durante mucho tiempo a un ritmo similar al de los cretenses. Sin embargo, a mediados del III milenio a.C., ya en la Edad del Cobre, se produjo en la isla una gran cantidad de avances que acabaron conduciendo a la brillante civilización minoica.
Lo más destacable en la Protohistoria y Edad Antigua fue la aparición de esta civilización minoica, una de las primeras aparecidas en Europa y una de las civilizaciones prehelénicas, junto a la posterior civilización micénica. Durante la civilización minoica, en la que se dieron varias fases y altibajos, Creta llegó a su máximo esplendor, con el mayor auge en los siglos XVI y XV a.C.
Sin embargo, hacia finales del siglo XV a.C. la isla sufrió la invasión de los aqueos, que habían desarrollado una civilización en la Grecia continental, fundamentalmente en el Peloponeso, no exenta de fuertes influencias cretenses. Con la expansión de los invasores, los cretenses abandonaron los palacios.
Se baraja también la posibilidad de que una colonización de emigrados cretenses en las costas del sur de Canaán fuese el origen de los filisteos (peleset), que aparecen en la Biblia y de cuyo nombre procede el topónimo Palestina. Estos filisteos fundaron varias ciudades en la costa meridional cananea: Gaza, Ecrón, Escalón y Gat.
La decadencia de Creta, iniciada con la hegemonía aquea, se acentuó en el siglo XI a.C. con la invasión de los dorios, portadores del hierro. La isla pasó a ser una parte más del mundo griego, sin originalidad y dividida en ciudades rivales. A partir del 500 a.C., la decadencia de la isla fue tal que cayó en el olvido y no tomó parte ni en las Guerras Médicas, ni en la del Peloponeso.
Conquistada por Alejandro Magno, tras su muerte Creta gozó de cierta independencia respecto a otros reinos helenísticos cercanos, pero tras su decadencia la isla quedó en manos de piratas de origen siciliano, lo que provocó que los romanos la conquistaran en el 67 a.C. en una expedición comandada por Cecilio Metelo, y la agregasen como provincia romana. Después de su división en el 395, quedó en manos del llamado Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino, lo que devolvió a la isla cierta relevancia, dada su posición clave para el control del mar Egeo.
En la Edad Media se mantuvo en el poder el Imperio Bizantino, en el que desempeñó un papel estratégico cuando comenzaron las conquistas musulmanas en el siglo VII. Dos siglos más tarde cayó en poder de un grupo de musulmanes andalusíes, que fundaron la base fortificada de Jandak (Candia), desde la que hostigaron a los bizantinos.
Parece ser que los musulmanes andalusíes fueron los cordobeses que, a consecuencia del motín del arrabal, fueron desterrados a Alejandría y allí lograron hacerse dueños de la ciudad.
El dominio musulmán duró hasta el 961, cuando el emperador Nicéforo Focas reconquistó la isla, inaugurando una época de paz y estabilidad que favoreció su desarrollo económico. Cuando Bizancio cayó en manos de los cruzados en 1204, acontecimiento con el que comenzó el llamado Imperio Latino, la isla fue adjudicada a Bonifacio de Montferrato, quien rápidamente la vendió a Venecia, convirtiéndose entonces en el punto estratégico clave de sus intereses en el Mediterráneo oriental y la poseyó hasta mediados del siglo XVII.

EDAD MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
Desde el siglo XV, Venecia hubo de enfrentarse al expansionismo otomano, al que contuvo hasta que en 1645 los turcos desembarcaron en la isla iniciando su conquista, que finalizó cuando los últimos reductos venecianos sucumbieron en 1669. Se inició entonces para Creta un nuevo periodo de declive.
Este declive que se inició con la completa dominación otomana, estuvo jalonado por revueltas que estallaron a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Durante el periodo de 1832 a 1840 la isla estuvo bajo control del gobierno egipcio y conoció una cierta mejora que no se consolidó al volver a la tutela turca.
Tras el estatuto de 1868, respaldado por el congreso de Berlín de 1878, y a consecuencia de una nueva revuelta de la población griega, se firmó el Pacto de Halepa, que supuso un cierto avance hacia la autonomía y un gobierno representativo, bajo la supervisión de las potencias europeas. Sin embargo, la mala gestión de las autoridades turcas encabezadas por el gobernador Turhan Pashé Përmeti provocó en 1897 unnuevo levantamiento, esta vez general, que contó con el apoyo militar de Grecia. Aunque el levantamiento acabó siendo aplastado, la intervención de las grandes potencias obligó a las tropas turcas a abandonar la isla en 1898 y a concederle el estatuto del principado autónomo, regido por el príncipe Jorge de Grecia, bajo soberanía otomana. A cambio, Grecia hubo de renunciar a sus aspiraciones con respecto a Creta.
En 1905 se produjo una nueva revuelta que aspiraba a la unión con Grecia, que culminó con la expulsión del príncipe Jorge. En 1908, los diputados cretenses proclamaron la unión con la Grecia continental. Dicha unión no se formalizó hasta el final de las Guerras Balcánicas.
Durante la II Guerra Mundial, la isla sufrió mucho y fue escenario de la llamada batalla de Creta.

HERACLIÓN, LA CAPITAL
Llamada antiguamente El Khandak, es la mayor ciudad y la capital de Creta, siendo además el centro económico y el mayor puerto marítimo de la isla, aparte de estar considerada como la cuarta ciudad más populosa de Grecia. Hasta el siglo XX se la conocía como Candia, nombre que se aplicaba asimismo a toda la isla de Creta.
La población de la ciudad posterior al año 2002 se estima en algo más de 150.000 habitantes, hasta el año 2011 cuya cifra ascendió hasta los 173.450 habitantes.
Después de la anexión a Grecia, la ciudad experimentó un extraordinario crecimiento de la población. A pesar de que la ciudad sufrió una gran destrucción durante la II Guerra Mundial, mucha gente buscó una nueva vida en los pueblos de las montañas cretenses, lejos de la urbe devastada por la guerra. En los suburbios se crearon barrios marginales y la ciudad tuvo un crecimiento desenfrenado sin una planificación urbana. Gracias a este crecimiento en la población, Heraclion se convirtió en la cuarta más importante del país.
En lo referente a la economía, el fuerte crecimiento de las exportaciones de productos agrícolas de Heraclion se debe a la combinación de dos fenómenos:
  • La presentación de las denominaciones de origen protegidas de la Unión Europea para el aceite de oliva, vino y diversos productos agrícolas que se producen en la región.
  • La publicidad por dietistas y médicos de todo el mundo a favor de los beneficios de la dieta mediterránea en la salud.
El sector secundario, debido a la baja inversión, sigue siendo poco representativo en la economía de la ciudad. Sin embargo, algunas de las industrias de Heraclion están entre las más grandes de Grecia.
La economía de la ciudad de Heraclion se centra en la actualidad en el turismo (hoteles, restaurantes, ocio) y servicios.

INTERESANTE PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO
La planificación y urbanismo de Heraclion son caóticos. En el centro de la ciudad se encuentran iglesias bizantinas, palacios venecianos, turcos, fuentes, edificios neoclásicos y otros de hormigón construidos en la década de 1950, todos contiguos y sin orden.
Destruida en varias ocasiones, sobre todo en agosto de 1898 y durante la II Guerra Mundial, la capital de Creta sufrió una pésima gestión de su desarrollo urbanístico. Durante la junta militar fueron demolidos edificios venecianos que estaban todavía en perfectas condiciones. La noción de patrimonio arquitectónico no entró en la mentalidad y gestión hasta épocas recientes.
Sin embargo su riqueza en monumentos y lugares de interés es muy amplia y variada.
Como lugares y monumentos protohistóricos próximos cabe destacar el Palacio de Cnosos (a 5 kilómetros), el Yacimiento arqueológico de Archanes (a 12 kilómetros) y el Monte Louchtas (a 10 kilómetros).
En la ciudad, merecen una visita ineludible:
·         La iglesia de Santa Caterina del Sinaí, construida en el siglo XVI por los venecianos, que alberga en su interior unos interesantes iconos bizantinos.
·         Las murallas venecianas, que fueron construidas entre los siglos XIV y XVII, rodean la ciudad y tienen una estructura en forma de estrella proyectada por el arquitecto Michelle Sanmicheli en el siglo XVI.
·         El puerto viejo o antiguo del siglo XVI, donde todavía subsisten algunos elementos del Arsenal de Venecia, incluyendo la Fortaleza de Koules.
·         La iglesia de San Marcos, construida en el siglo XIII y reconstruida en el XVI. Se convirtió en mezquita árabe durante el periodo de dominación turca y actualmente es utilizada como museo municipal.
·         El monasterio de San Pedro y San Pablo, del siglo XIII.
·        La iglesia de San Tito, construida en la época bizantina y profundamente remodelada en el siglo XV por los venecianos.
·         La Logia veneciana: cuatro logias se sucedieron en el mismo sitio. La que acoge en la actualidad al consejo municipal de la ciudad (ayuntamiento) que data del año 1628.
·       La Candia veneciana era famosa por su sistema de abastecimiento de agua, los acueductos y las numerosas fuentes construidas por familias aristocráticas de la ciudad.
La plaza de la Libertad es el centro neurálgico de la ciudad, asimismo dispone de un importante puerto. Hay transbordadores y barcos desde Heraclion con rutas regulares hasta las islas de Santorini, Mikonos, Rodas, Kárpatos y Siros. También hay varios feries diarios a El Pireo, el puerto de Atenas, en la Grecia continental.
La ciudad es rica en museos y todos ellos muy interesantes.
Con una larga historia a sus espaldas, una riqueza en patrimonio arquitectónico muy interesante y un turismo creciente en las últimas décadas, la isla de Creta merece ser visitada con detenimiento. Una isla donde el viajero puede perderse a través de sus caminos, las callejuelas de la capital y de sus pintorescos pueblos, todos con auténtico sabor mediterráneo.
 

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