EL
MISTICISMO DE LA RELACIÓN DEL HOMBRE CON DIOS
Turquía
es un país lleno de fascinantes contrastes y, a lo largo de los siglos, su
historia ha reflejado un gran desarrollo cultural que no siempre ha sido
comprendido en Occidente.
En
el corazón de la Anatolia Central,
Konya es una de las ciudades más antiguas del país, no en balde sus orígenes se
remontan a 3000 años antes de Cristo. Sucesivas y sangrientas ocupaciones dieron
la hegemonía a persas, seléucidas y
reyes de Pérgamo, hasta que los romanos la bautizaron como Iconium y con
posterioridad Claudiconium, en honor al emperador Claudio. Asimismo, en ella se
tiene constancia de que residió San Pablo durante sus viajes por el Asia Menor.
Durante
el periodo bizantino la saquearon los árabes (siglos VII al IX), y
posteriormente, en 1069 sitiada y ocupada por los turcos selyúcidas, que la llamaron Konya. A partir de aquella época se
vivió un gran desarrollo artístico, político y religioso, siendo entonces
cuando surgió el místico Jalal al-Din Rumí, más conocido como Mevlana (maestro),
quien ha sido considerado como una de las grandes figuras culturales de la
humanidad.
En
la actualidad, la ciudad de Konya cuenta con unos 250.000 habitantes y es el
centro de una región básicamente minera, aparte de contar con una floreciente
industria textil de tejidos de algodón, seda y tapices. Sus atractivos
principales radican en los monumentos que posee, vestigios de lo que fuera una
de las ciudades más importantes de Anatolia en la
Edad Media por su relevancia histórica.
SUFISMO
La ascesis mística propia del sufismo
aparece como radicalmente extraña a las tendencias del Islam tradicional,
orientadas más hacia una concepción jurídica que mística de las relaciones del
hombre con Dios. En el Corán son escasos los estímulos a la vida mística, como
raros los elogios al monaquismo cristiano. Konya está íntimamente ligada al
sufismo. De hecho, el movimiento se manifestó muy pronto, tanto en la región de
Basora (siglo VIII), como en La
Meca y Medina, en forma de cofradías en las que concurría un
ascetismo individual y mendicante de tendencias poco especulativas.

Posteriormente (siglos XI Y XII), las
prácticas ascéticas condujeron a excesos tales como la identificación del
asceta con Allah, el desprecio de las prácticas exteriores y de la ley
coránica, así como el empleo, a partir del siglo XIII, de excitantes y
estupefacientes.
La actitud práctica del sufí consiste
en el arrepentimiento y el abandono del mundo. El sufí puede conseguir el
éxtasis divino a través de la anulación de los sentidos. Muchos pertenecían a una
cofradía y se encontraban en centros de reunión (zawiya) de la misma cofradía o tariqa,
que administraba personal dirigido por un sayj.
Primero debían seguir un noviciado y someterse a directores espirituales.
Llevaban un hábito particular, pero no se obligaban al celibato.
El sufismo, que se extendió ampliamente
hasta el siglo XII, dio origen a cofradías musulmanas muy diversas y a toda una
literatura más lírica que filosófica.
Tras las reformas laicas de Mustafá
Kemal Atatürk, los derviches sólo conservan las tradiciones de su orden sufí de
cara al público. Es posible asistir a alguna de sus ceremonias: entre cantos
cíclicos acompañados por instrumentos de percusión y flautas.
MAUSOLEO DE MEVLANA
El
poeta y místico persa Jalal al-Din Muhammad Rumí (1207-1273), o lo que es igual
Mevlana, ejerció con su pensamiento y su poesía una gran influencia en el
sufismo. Un sufí dirige su corazón a Allah en su totalidad. No solamente quiere
entender el Corán de una forma superficial y orientar su vida según las
enseñanzas que en él encuentre, sino que además quiere vivir y sentir la
cercanía de Dios, para lo cual se sirve de diferentes técnicas de meditación.
En la historia de más de mil años de sufismo se han creado numerosas cofradías
que han desarrollado formas de expresión propias. La cofradía sufista más
conocida es la orden de los mevlevi,
que tiene su origen y sede principal en Konya. En el año 1249, Jalal al-Din
Muhammad Rumí fundó esta orden en Anatolia, que es famosa por los derviches
giróvagos.
Para
los verdaderos seguidores de Rumí se sigue llamando Maulana Turbesi, el
mausoleo verde del maestro. Está adornado con magnificencia y el sarcófago de
Rumí está repujado en oro. Los fieles sufíes se arrojan a los escalones
plateados delante del sarcófago para sentir la fuerza espiritual del maestro.
Están llenos de una devoción profunda a un Dios lleno de amor y a las palabras
de Rumí: ¡Dios está más cerca de ti que las arterias!
Al
margen del mausoleo de Mevlana, el más visitado de Konya, en la elevación del
terreno en la que se asentaba la antigua ciudadela, se alza la mezquita de
Aladino, construida en 1220 durante el reinado del gran sultán selyúcida Aladino Keykubat. Desde este
punto se domina toda la ciudad. A un lado de la mezquita no queda más que una
pequeña parte del Palacio Imperial selyúcida.
En la madrasa (escuela coránica) de
Karatay, que en la actualidad es un museo, se exponen cerámicas realmente
sorprendentes.
Asimismo,
es notable por su maravilloso pórtico barroco la madrasa de Ince Minareli de 1258, al otro lado de la mezquita.
Entre
otras obras selyúcidas cabe destacar
la madrasa de Sirçali y el complejo
de Sahip Ata. Los visitantes suelen considerar al Museo Arqueológico de Konya
de excepcional interés.
La
colección del museo Koyunoglu es muy variada, estando dedicada una de sus
exposiciones a la historia natural y a los kilims
(alfombras) antiguos. Dentro del complejo que conforma el museo, en la casa
restaurada de Izzetin Koyunoglu se puede observar el estilo de vida de una
próspera familia de Konya.
EL
RITUAL DE LOS DERVICHES
Girar y girar, fundiéndose con la
música y la danza, es la forma de acercarse a Allah que tienen los seguidores
de Mevlana, pertenecientes a la secta sufí de los mevlevis, los derviches giróvagos o danzantes.
Para ellos, la danza, es la
consecuencia del éxtasis causado por el sema.
En sufismo, sema significa escuchar
música, cantar para lograr un estado de emoción religiosa y éxtasis,
suprimiendo el pensamiento y el deseo.
Los derviches giróvagos repiten el zikr, o lo que es igual, la
conmemoración, el recuerdo continuo de Allah por la enunciación repetida de
cortas invocaciones al unísono. Estas recitaciones suponen una respiración rítmica
y unos movimientos físicos regulados para conseguir un efecto espiritual.
Muchas veces van acompañadas y coordinadas con música instrumental o cantada,
que libera el pensamiento consciente del esfuerzo físico. Existen diferentes
maneras de llevar a cabo el zikr, y
precisamente en ellas se encuentran las diferencias de las órdenes sufíes.
Los derviches giróvagos repiten el zikr:
el nombre de Allah, mientras efectúan giros sin cesar. De esta forma vacían
su corazón de todo excepto del pensamiento en Allah y giran en el movimiento
extático de su respiración.
Desde los tiempos de Mevlana, el sema fue una disciplina espiritual que
pretendía unir la mente del mevlevi
con el infinito para obtener una relación emocional entre el hombre y la
divinidad.

Dentro del ritual, cualquier gesto o
postura tiene una significación divina. Los giros rápidos son un intento de ver
a Allah en todas las direcciones, los golpes en el suelo simbolizan los golpes
que se dan a la conciencia de la propia personalidad para humillarla. Los
ligeros saltos vienen a significar el deseo de encumbrarse hacia el mundo
supremo. La genuflexión es la expresión última del abandono de la propia alma a
Allah. Por su parte, abrir completamente los brazos es la aspiración a la
excelencia espiritual, el equilibrio del alma, la felicidad eterna tras
conseguir la unión con su Dios.
Cuando la palma de la mano derecha mira
hacia el cielo y la de la mano izquierda hacia la Tierra, expresa así su fe en
el mundo y su sueño en la
Providencia, de manera que lo que recibe de Allah lo entrega
a los hombres, sin guardar nada para sí.
Del mismo modo, todo el vestuario del mevlevi tiene su especial simbolismo y
está inspirado en el traje funerario que Mevlana ordenó tras la muerte de Shams
Tabrizi (instructor espiritual de Mevlana). De este modo, el sombrero alto
representa la lápida del cementerio que se coloca sobre el difunto. El tennure, la larga y vistosa falda
blanca, simboliza la mortaja, y la khirca,
la capa negra con mangas largas, representa la tumba del derviche.
Al
iniciar la ceremonia, los derviches giróvagos deben llevar a cabo las
abluciones sagradas de la fe musulmana y se visten con el típico traje de los mevlevis. Acto seguido entran en el recinto
o semahane, siempre dirigidos por el semazenbashi, el maestro de la danza, y
con las cabezas agachadas se alinean a un lado. El sheyh, el líder de la orden, es el último en entrar. El hafiz, que conoce el Corán a la
perfección, inicia la ceremonia cantando una oración a Mevlana y una sura (oración musulmana) del Corán.
El
sheyh camina lentamente alrededor del
semahane seguido por el resto de
derviches. Efectúan tres vueltas al recinto, deteniéndose para reverenciar a
todos los demás en el puesto del sheyh.
En el instante del saludo se miran a las cejas para contemplar la manifestación
divina dentro del otro. Esto es conocido como mukabele o el regreso a la acción. El recorrido por el semahane viene a significar la identidad
del hombre y su lugar dentro del círculo. Luego se quitan las capas, las besan
y las tiran al suelo, lo que viene a significar que abandonan sus tumbas, sus
ligaduras con el mundo y se preparan para unirse con Allah.
Todos
los derviches que empezaron el ritual con los brazos cruzados, con la palma de
la mano derecha en el hombro izquierdo y viceversa, extienden los brazos, la
palma de la mano derecha hacia arriba y la izquierda hacia abajo, a la vez que
empiezan a girar mientras los músicos tocan y los coros cantan. La energía les
entra a través de la mano derecha, pasa por el cuerpo y llega a la Tierra por la mano
izquierda.
Con
los brazos extendidos, el derviche abraza a su Dios. Todos giran en sentido
contrario a las agujas del reloj, repitiendo de forma inaudible: Ia ilaha illa
Allah (muy similar al om de los
tibetanos). Durante diez minutos giran sin cesar y cuando se detiene la música
también lo hacen ellos. Este selam se
repite hasta cuatro veces y sólo en el último danzará el sheyh, quien representa al sol, y los derviches a los planetas que
giran a su alrededor. Al concluir vuelven a colocarse la capa: de alguna forma
regresan a sus tumbas, pero en un estado diferente.
En
la actualidad no existe de manera oficial una orden mevlevi, no obstante, se vienen celebrando representaciones de las
danzas en un intento de conservar los valores culturales de estas prácticas.
Cada
año, durante la primera quincena del mes de diciembre y como si se tratara de
un peregrinaje, llegan hasta Konya miles y miles de fieles procedentes de todo
el mundo para conmemorar el aniversario de la muerte de Mevlana, ocasión en la
que tiene lugar la ceremonia en la que participan los derviches giróvagos.
Konya
sigue siendo una de las principales ciudades de Turquía y, aunque sus tiempos
de esplendor han pasado, son muchos los viajeros que cada año acuden a
presenciar el ritual de los derviches giróvagos. La atmósfera que se crea a su
alrededor impregna a quienes lo contemplan de un misticismo que absorbe los
sentidos.
(Ver interesante colección gráfica de
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